
Más de 800 buques permanecen bloqueados en el Golfo Pérsico debido al cierre del estrecho de Ormuz impuesto por Irán, una situación que mantiene atrapados a unos 20.000 marineros y amenaza el comercio global de energía.
El bloqueo afecta a 805 embarcaciones identificadas mediante sistemas de rastreo, entre ellas cargueros, petroleros y buques gasistas, según datos de monitoreo marítimo recientes.
A esta cifra se suman al menos un centenar de barcos adicionales que navegan con sus sistemas de identificación apagados, una práctica prohibida pero cada vez más utilizada para evadir sanciones y controles.
La crisis ha obligado a Estados Unidos, bajo la dirección del presidente Donald Trump, a lanzar la operación naval “Proyecto Libertad”, destinada a escoltar y guiar a los buques hacia zonas seguras.
Sin embargo, la iniciativa ha sido cuestionada tanto por Irán como por actores de la industria naviera, que dudan de su viabilidad en un entorno altamente militarizado.
Los barcos afectados pertenecen a decenas de países, aunque muchos operan bajo pabellones de conveniencia como Panamá, Liberia o Islas Marshall, lo que complica la coordinación internacional.
Mientras tanto, miles de tripulantes permanecen a bordo desde el inicio del conflicto, enfrentando condiciones cada vez más precarias debido a la escasez de alimentos, agua y suministros básicos.
La Organización Marítima Internacional estima que unos 20.000 marineros están directamente afectados por el cierre, en una crisis humanitaria que se agrava con el paso de las semanas.
Las provisiones iniciales de los buques, pensadas para viajes de cinco o seis semanas, ya han sido superadas tras más de dos meses de bloqueo, obligando a complejas operaciones logísticas para abastecerlos.
Organizaciones sindicales reportan un aumento de solicitudes de ayuda y casos de abandono de tripulaciones por parte de navieras, lo que incrementa la presión sobre los organismos internacionales.
Ante esta situación, algunos países han comenzado a repatriar marineros, como India, que ha evacuado a miles de ciudadanos desde el inicio de la crisis.
Pese al riesgo, unos 500 buques han logrado entrar o salir del Golfo Pérsico utilizando rutas alternativas, muchas de ellas bajo supervisión de la Guardia Revolucionaria iraní.
No obstante, la navegación sigue siendo altamente peligrosa debido a la posibilidad de ataques, minas marinas o interceptaciones, en un entorno donde coexisten fuerzas iraníes y estadounidenses.
La falta de garantías de seguridad y de acuerdos claros entre las partes mantiene paralizado uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo, con consecuencias económicas y humanitarias en aumento.