Editorial

Choque de civilizaciones

Cuando Xi Jinping eligió el Templo del Cielo de Pekín —un complejo imperial construido en 1420— como escenario para su fotografía oficial junto a Donald Trump, China quiso...

Editorial | | 2026-05-18 00:02:58

Cuando Xi Jinping eligió el Templo del Cielo de Pekín —un complejo imperial construido en 1420— como escenario para su fotografía oficial junto a Donald Trump, China quiso recordar al mundo que su civilización ya levantaba monumentos colosales cuando Estados Unidos no existía. Fue una manera elegante, silenciosa y profundamente oriental de decir: “nosotros éramos imperio antes que ustedes”. No fue casualidad. En geopolítica, la escenografía también habla.

Pero la verdadera pregunta no es quién es más antiguo, sino quién ha ofrecido más al mundo moderno. Y ahí comienza el verdadero choque de civilizaciones.

China puede reivindicar inventos extraordinarios: la pólvora, el papel, la brújula. India puede presumir de una tradición filosófica y matemática milenaria. Persia, Japón y otras culturas orientales construyeron refinadas civilizaciones cuando Europa aún atravesaba siglos oscuros. Todo eso es cierto. Sin embargo, aquellas sociedades eran profundamente elitistas. Sus avances estaban reservados para emperadores, castas, sacerdotes o élites cerradas. El conocimiento se administraba como instrumento de poder.

La civilización occidental convirtió el conocimiento en movilidad social. Europa desarrolló universidades abiertas, derecho moderno, ciencia experimental, libertad económica y democracia liberal. Occidente inventó y expandió sus innovaciones hacia la sociedad. La revolución industrial, el capitalismo, la imprenta masiva, la educación pública y los derechos individuales transformaron la vida cotidiana de millones de personas comunes, no solamente de las élites.

Occidente también conquistó, explotó y cometió atrocidades, como lo hicieron mongoles, otomanos, árabes y japoneses. Españoles, portugueses, ingleses y holandeses expandieron su poder muchas veces con violencia brutal. Pero junto con esa expansión llevaron instituciones, comercio, universidades, infraestructura y sistemas jurídicos que terminaron moldeando el mundo contemporáneo. Las civilizaciones orientales fueron mucho más cerradas, más jerárquicas y menos universales.

La China moderna que hoy desafía a Estados Unidos existe precisamente gracias a la apertura occidental. Tras décadas de maoísmo, hambrunas y más de sesenta millones de muertos bajo el comunismo, China estaba devastada. Fue con la apertura impulsada por Estados Unidos, que comenzó a despegar. China descubrió el capitalismo, la inversión extranjera y el comercio global. Y gracias a ese proceso, cientos de millones de chinos salieron de la pobreza.

Cuando Xi Jinping afirma que “hay suficiente espacio en el mundo para ambos”, en realidad propone una coexistencia entre dos modelos de civilización. Pero basta observar la expansión china en África y América Latina para preguntarse qué deja realmente Pekín: endeudamiento, dependencia estratégica y explotación de recursos. Rusia exporta guerra; Irán exporta fanatismo; China exporta control autoritario.

El mundo no es perfecto bajo Occidente. Pero sigue siendo mucho mejor con Occidente liderando que con modelos cerrados, autoritarios y expansionistas ocupando ese lugar.

El verdadero choque de civilizaciones continúa. Y, hasta ahora, la civilización occidental sigue ofreciendo más libertad, más innovación y más oportunidades que cualquier otro modelo histórico.