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Bolivia: el país que mira pasar los trenes mientras discute bloqueos

Bolivia: el país que mira pasar los trenes mientras discute bloqueos
Alberto De Oliva Maya | Columnista
| 2026-05-19 07:08:50

Mientras Perú, Brasil, Paraguay y Chile discuten corredores bioceánicos, puertos inteligentes, integración energética y financiamiento chino, Bolivia sigue atrapada en el conflicto permanente, donde cualquier grupo con petardos y bloqueos puede paralizar el país entero.

Lo más grave no es el caos, sino que Bolivia posee una de las mayores ventajas geográficas de Sudamérica y aun así actúa como un país condenado a la improvisación. Si existe un territorio naturalmente diseñado para unir el Atlántico con el Pacífico, ese es Bolivia: por ubicación, distancias logísticas y conectividad natural.

Sin embargo, el principal obstáculo no es externo, sino interno. Mientras otros países hablan de interoperabilidad ferroviaria y corredores continentales, aquí todavía se debate si destruir la economía mediante bloqueos puede considerarse una forma legítima de presión política.

El continente ya entendió hacia dónde va el mundo. Brasil y Perú comenzaron a mover piezas geopolíticas reales. El proyecto ferroviario Perú–Brasil no es simplemente una línea férrea; es una declaración estratégica con miles de kilómetros proyectados, integración comercial con Asia e interés chino.

Mientras tanto, en Bolivia seguimos creyendo que el desarrollo llega con marchas, ampliados y discursos de soberanía.

Perú entendió que los países se desarrollan conectando mercados. Brasil comprendió algo todavía más duro: si Bolivia no garantiza estabilidad, simplemente la rodean. Los trenes no tienen ideología; tienen rutas eficientes. El problema de Bolivia no es ferroviario, es mental.

El país tiene ventajas únicas: infraestructura ferroviaria operativa, experiencia acumulada y ubicación estratégica continental. Pero existe una incapacidad crónica para convertir esas ventajas en proyectos de Estado. Todo termina contaminado por la pelea política, el regionalismo, la burocracia y la costumbre de destruir lo poco que funciona.

Si Bolivia quiere volver al centro del mapa bioceánico, no puede improvisar operadores ferroviarios ni convertir el tren en otro botín político. Y, guste o no, las únicas empresas con experiencia real, capacidad técnica y décadas administrando ferrocarriles en Bolivia son Ferroviaria Oriental y Ferroviaria Andina.

Diseñar un corredor bioceánico no es hacer propaganda patriótica. Requiere comprender costos, conectividad, mantenimiento, financiamiento y sostenibilidad logística. Aspectos poco atractivos para el populismo, pero fundamentales para cualquier inversionista serio.

El verdadero riesgo es que Bolivia termine convertida en un país decorativo: un punto geográfico irrelevante para el comercio mundial mientras los corredores alternativos pasan por Perú, Paraguay, Brasil o Chile.

La gran pregunta es si Bolivia quiere ser el eje de integración continental o el país que vio pasar oportunidades mientras discutía bloqueos y discursos ideológicos de otra época.

El tiempo geopolítico no espera. Por eso corresponde reconocer los intentos del gobierno de Rodrigo Paz Pereira de impulsar diagnósticos, estudios técnicos y plazos concretos para recuperar una visión estratégica ferroviaria antes de que Bolivia quede mirando los trenes desde el andén de la frustración.

Porque esta ya no es una discusión ideológica. Es una carrera contra el tiempo. Y los países que dudan demasiado terminan siendo territorios que otros rodean.

Bolivia todavía puede convertirse en el corazón logístico de Sudamérica. Pero necesita algo más importante que discursos patrióticos: estabilidad, planificación, visión de largo plazo y la capacidad de entender que el desarrollo no espera a quienes viven atrapados en el conflicto permanente.

Porque los trenes del desarrollo no pasan dos veces.

Alberto De Oliva Maya | Columnista