Miradas

Economía boliviana y recursos humanos

Economía boliviana y recursos humanos
Mario Malpartida - Periodista | Periodista
| 2026-05-20 01:02:22

Hay temas que cobran actualidad de acuerdo con las circunstancias. Los bolivianos están preocupados y descontentos por varios problemas coyunturales; entre ellos, la calidad del combustible, la convulsión social, el costo de los alimentos y, como asunto estructural, la falta de dólares y el tipo de cambio: el valor de intercambio entre la moneda nacional —el peso boliviano— frente a monedas extranjeras, sobre todo el dólar estadounidense.

El tipo de cambio no solo depende de la oferta y la demanda de dinero en efectivo, sino que también es causa y resultado de la interrelación de diversas variables; entre ellas, el nivel de las Reservas Internacionales Netas (RIN), la cantidad de Inversión Extranjera Directa (IED), los ingresos por exportaciones, los pagos de la deuda externa y la importación de bienes y servicios. Así pues, el tipo de cambio es el resultado de varios factores.

El Banco Central de Bolivia no dispone de billetes de dólar. Sin embargo, existe un mercado cambiario activo en casas de cambio y puestos de venta callejeros. Su procedencia es un secreto a voces y, por eso, es mejor nombrarlo como “el otro dólar”. Los sistemas de un Estado, como el monetario, cambiario, financiero, educativo y productivo, funcionan como los sistemas del cuerpo humano: si uno está afectado, repercute en los demás. Asimismo, el sistema cambiario influye en el comportamiento general de la economía y, por supuesto, tiene impacto sobre el desarrollo económico del país.

A todo esto, en el discurso político cotidiano se ha hecho común hablar del desarrollo económico del país. Al respecto, para varias doctrinas económicas, la estructura esencial tiene cuatro pilares: el desarrollo de los recursos humanos, la gestión sostenible de los activos naturales, la inversión y formación de capital, y la innovación tecnológica.

En todas las doctrinas, el factor humano tiene un rol fundamental; por eso, se necesitan personas con educación avanzada en todos los niveles y con una formación profesional sobresaliente.

El talento humano que trabaja para las instituciones del gobierno debe tener alta capacidad para crear e innovar, además de habilidades y destrezas sólidas para hacer las cosas, junto con una base emocional capaz de adecuarse a las exigencias. La burocracia estatal administra una gran empresa que pertenece a millones de habitantes. ¿En manos de quién queda esa responsabilidad? ¿Acaso de aquellos que alegan luchar contra la discriminación social y eligen administrar con militantes mediocres y corruptos, que despilfarran el dinero y deterioran la economía?

Un país donde predominan la ideología y el clientelismo político, en desmedro del bienestar de los ciudadanos, termina permitiendo que los préstamos destinados a construir escuelas, hospitales y carreteras vayan a parar a manos de inexpertos. Para afrontar esa realidad crucial, es urgente impulsar programas de capacitación y evitar que el dinero siga siendo administrado por burócratas sin formación adecuada. No se conoce que el gobierno haya presupuestado recursos económicos para capacitar a sus empleados.

El proverbio “Roma no se construyó en un día” es una premisa de que las grandes metas requieren tiempo y paciencia. El tiempo comenzó hace seis meses y la paciencia se acaba en cualquier momento.

Mario Malpartida - Periodista | Periodista