En el capítulo anterior se desarrollaron dos de los cinco sectores PETII fundamentales para la PEO (Política Económica de Oferta): los productivos y exportadores. En esta entrega abordamos los sectores turístico e infraestructura, dejando para una tercera parte la inversión privada y pública.
Turismo
Resulta vergonzoso que turistas extranjeros hayan sufrido la convulsión social de mayo de 2026, como ocurre desde hace más de dos décadas, espantando divisas y oportunidades de empleo. En un mundo donde el turista es cada vez más exigente e informado, Bolivia debería atraer visitantes y no expulsarlos.
El turismo, como “industria sin chimeneas”, requiere estabilidad social, respeto al visitante y una población consciente de la importancia económica del sector. También demanda políticas coordinadas entre los niveles nacional, departamental y municipal; infraestructura adecuada; promoción internacional; y una Cancillería orientada a atraer turistas, inversionistas y exportaciones, dejando de lado visiones ideológicas.
Es necesario clasificar los destinos en categorías de turismo internacional, nacional, departamental y municipal, incluyendo lugares físicos y eventos culturales, religiosos, gastronómicos o musicales. El objetivo es que el visitante permanezca más tiempo en el país y recorra diversos destinos. Bolivia compite con numerosos países, por lo que no basta con ofrecer uno o dos atractivos turísticos.
Para ello, se propone crear un Consejo Permanente de Turismo (CPT), con participación pública y privada, encargado de diseñar políticas, evaluar competitividad cambiaria, supervisar infraestructura, promover el respeto al turista y coordinar acciones entre los distintos niveles del Estado. También debería impulsar estudios sobre motivaciones, perfiles de visitantes, marketing y tendencias internacionales.
Entre los factores que influyen en la elección de un destino destacan: costos, tipo de cambio, calidad de servicios, seguridad, conectividad aérea y terrestre, acceso a internet, gastronomía, hotelería, reputación internacional y estabilidad política y sanitaria. Asimismo, el turismo interno debe fortalecerse para incentivar el movimiento económico nacional y ahorrar divisas.
Infraestructura
La infraestructura productiva, pública y privada, constituye un pilar esencial para las PETII y debe priorizarse, mantenerse y protegerse. Esto incluye carreteras, puentes, telecomunicaciones, energía, agua y transporte multimodal.
Las Redes Multimodales Terrestres con “Circuitos Diamante” comprenden rutas estratégicas de los corredores bioceánicos Atlántico-Pacífico, vitales para producción, exportación y turismo. Estas vías deben permanecer operativas y no pueden ser bloqueadas bajo ningún pretexto. Los “Circuitos Dorados” y “Circuitos Plata” complementan esta red desde el nivel departamental y rural.
El Corredor Ferroviario Bioceánico requiere consolidar las redes Oriental y Andina, resolver diferencias de trocha con Brasil e integrarse a la Hidrovía Paraguay-Paraná. En el ámbito aéreo, Viru Viru debería consolidarse como un hub regional mediante una política recíproca de cielos libres y abastecimiento garantizado de combustible.
En el área energética, es fundamental interconectar el Sistema Nacional Eléctrico con regiones y países vecinos, diversificando la matriz hacia energías renovables como la solar y eólica. Las telecomunicaciones también son estratégicas: Bolivia necesitará cobertura 5G incluso en áreas rurales, permitiendo agricultura tecnificada con drones, GPS y automatización, además de acceso a servicios de almacenamiento en la nube.
Finalmente, el acceso al agua y la infraestructura hidráulica serán decisivos frente al cambio climático. Se requieren represas, sistemas de riego, plantas de tratamiento de aguas residuales y protección de acuíferos para garantizar seguridad alimentaria y sostenibilidad ambiental.
*Babson ’82, ex catedrático universitario