Dios te bendiga

Bloqueocracia

Bloqueocracia
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-05-22 07:40:23

“Entonces el pueblo lanzó un fuerte grito y se tocaron las trompetas. Al oír el sonido de las trompetas, el pueblo prorrumpió en un griterío ensordecedor, y el muro se desplomó sobre sí mismo.” (Josué 6,20).

¿Cómo encontrar en la Biblia una cita sobre el bloqueo de caminos? En aquel entonces no había movilidades, sino caravanas con burros y camellos, expuestas a atracos como los que Jesús describe en la parábola del Buen Samaritano. Por supuesto, no existe ninguna cita bíblica que apoye semejante medida; todo lo contrario: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos» (Mateo 3,3, citando Isaías 40,3). La idea es quitar todos los obstáculos para facilitar la venida del Señor y el proyecto de Dios. Es lo que falta para Bolivia. Bolivia necesita carreteras de doble vía y puentes, en vez de trancas y bloqueos, para allanar un futuro pacífico y próspero.

Me parece que el cerco a Jericó era una especie de contrabloqueo. Josué, sucesor de Moisés, cuyo nombre significa “Dios salva”, luego traducido como “Jesús”, dio siete vueltas alrededor de Jericó y sus muros se desplomaron. Así, la ciudad cayó en manos de los israelitas.

Según la Constitución Política del Estado Plurinacional, Capítulo Tercero: Derechos Civiles y Políticos, Sección I, Artículo 21, inciso 7: “Las bolivianas y los bolivianos tienen derecho… a la libertad de residencia, permanencia y circulación en todo el territorio boliviano”.

Según el Código Penal, Capítulo II: Delitos contra la seguridad de los medios de transporte y comunicación, Artículo 214: “El que, por cualquier medio, atentare contra la seguridad o el funcionamiento normal de los servicios públicos de agua, luz, substancias energéticas, energía eléctrica u otras, y la circulación en las vías públicas, incurrirá en privación de libertad de dos a seis años”.

¿Acaso no se refiere a los bloqueos de caminos?

Sepa que la palabra “protesta” no aparece en los 411 artículos de la CPE. La protesta no es un derecho constitucional; el bloqueo es un delito.

Google AI indica que, en los últimos cinco años, Bolivia ha sufrido aproximadamente 13 bloqueos de caminos por mes. Aunque ocasionalmente hay detenidos en las manifestaciones y bloqueos, en nuestras cárceles hacinadas no existen presos sentenciados por atentar contra la circulación en las vías públicas. Por esto, en vez de democracia, tenemos bloqueocracia.

Si se permiten bloqueos en plena contradicción con la CPE y el Código Penal, ¿por qué debo cumplir las demás leyes? ¿Vivimos en un Estado de derecho o en un Estado de bloqueo?

Una cosa es el derecho legítimo a la protesta; otra muy distinta es el bloqueo de caminos, que en realidad constituye una forma de secuestro y robo a viajeros y transportistas. Sepa que no existe un bloqueo pacífico; por su misma naturaleza es una forma de violencia, acompañada de la amenaza de una violencia mayor, como sucede con frecuencia.

Propongo que los bloqueos sean respondidos alguna vez con contrabloqueos. Que los bloqueadores sean cercados por otros bloqueadores (o, mejor aún, por el Ejército), ejerciendo el mismo “derecho” e impidiendo el ingreso de personas e insumos. A ver cuánto aguantan sin violencia cuando ellos mismos son bloqueados. ¿Cuánto dura un bloqueo si se acaba la coca? A quienes salgan, habría que revisarles los contactos y mensajes en sus celulares.

Todo bloqueo de caminos es un atentado contra la Constitución y el Estado de derecho. Pero la ley que necesitamos no es más cárcel, sino una norma que obligue a compensar a quienes resultan perjudicados por los daños ocasionados. Debe haber cárcel cuando se ocasionen muertes y/o lesiones.

Si existen pérdidas económicas por un cargamento de verduras que requiere refrigeración, o porque el ganado pierde peso dentro de un camión, eso deben pagarlo los bloqueadores. Si hay pasajeros o choferes que deben comprar comida y alojamiento, ese costo deben asumirlo los bloqueadores. Si los viajeros pierden vuelos, reuniones, citas o negocios, el costo de todo ello debe recaer sobre los bloqueadores. Si hoteles y restaurantes pierden clientes, ese daño también deben pagarlo los bloqueadores. Y si han causado daños en la vía o generado costos por colocar tierra o piedras que requieren mano de obra y maquinaria para removerlas o reparar la carretera, ese gasto debe ser asumido por los bloqueadores.

Si estos obstáculos ocasionan accidentes con heridos y víctimas fatales, entonces los bloqueadores deberían dedicar el resto de sus vidas a cuidar a las familias afectadas.

Se reportan pérdidas de entre 50 y 60 millones de dólares por cada día de bloqueo. En épocas de mayor convulsión social, las pérdidas son aún mayores. Muchas veces, el daño provocado por los bloqueos supera con creces el motivo del reclamo.

Estas pérdidas para la economía del país reducen la capacidad de respuesta, tanto de los servicios del Estado como del sector privado, para atender las necesidades de la población. Es un círculo vicioso. Cada bloqueo empobrece a todo el país, aumentando nuestras miserias y generando nuevos motivos de reclamo. En la práctica, no son grupos de reivindicación social, sino turbas de borrachos que atacan a quienes se acercan a pedir un poco de consideración.

La excusa de que el bloqueo es la única manera de hacerse escuchar es una mentira. Significa que el grupo y sus dirigentes no saben —o no les interesa— dialogar; solo quieren imponer sus demandas sin considerar el contexto de toda la nación. No hay acción más antipatriótica que un bloqueo, como demuestra la actual demanda de renuncia del nuevo presidente. Que renuncien, más bien, sus dirigentes, por su total rechazo al diálogo, su incomprensión de la democracia y su incapacidad para entender la economía.

En la situación presente, está claro lo que sucede. No son protestas: es sedición. Si Juan José Zúñiga está en la cárcel por romper una puerta con su circo, ¿por qué quedan impunes estos traidores a la patria?

Cada bloqueo posterga la prosperidad y la justicia que anhelamos para Bolivia. También posterga el Reino de Dios. No se puede participar en un bloqueo y rezar el Padrenuestro con sinceridad, porque esta maldita medida contradice cada frase de la oración que nos enseñó Jesús. “Padre nuestro, líbranos del mal y de cada bloqueo en Bolivia”.

Es hora de cercar a los bloqueadores, como Josué a Jericó, y hacer que los muros de esta medida antidemocrática caigan para siempre junto con sus protagonistas.

“En seguida, el pueblo acometió contra la ciudad, cada uno contra lo que tenía delante, y la tomaron.” (Josué 6,20).

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista