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Es hora de discutir la existencia como país

Es hora de discutir la existencia como país
Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta - Comunicador social | Comunicador social
| 2026-05-22 07:36:36

Tras los últimos conflictos político-sociales registrados en el país, y muy especialmente en el departamento de La Paz, surgen estas dos preguntas: ¿tenemos sentido existencial como país? o ¿Bolivia es viable como nación? Interrogantes que flotan en el aire y que todos nosotros debemos respondernos de forma muy sincera en nuestro fuero interno.

Desde 2001 vengo pregonando la consigna ¡Bolivia Posible! a través de espacios radiales y ahora mediante columnas de opinión. La cual tiene como espíritu central la idea de que, a pesar de que somos diversos en lo social, racial, cultural y geográfico, es posible construir la unidad de un país sólido. Dicha consigna también sirvió como inspiración para discursos y siglas políticas.

Lamento que mi consigna vaya cayendo en saco roto. Nadie piensa primero en Bolivia; esta se encuentra en el último lugar de los intereses nacionales. En la parte occidental primero piensan en sus intereses sectoriales e incluso etnorraciales, como lo aymara, y que al parecer quieren retornar a la época del Tahuantinsuyo.

Al otro lado, en el oriente, también se piensa primero en lo regional y en el federalismo antes que en la unidad propia del país. Todo da a entender que quisiéramos que este país se parta en cuatro y que definitivamente no lo amamos. De manera constante lo andamos asfixiando con los malditos bloqueos, los cuales nos están volviendo un país inviable e intransitable, tanto a nivel nacional como internacional.

Así, un país no puede avanzar hacia el desarrollo. Ya es hora de sincerarnos y preguntarnos también: ¿queremos ser bolivianos o no? O de una vez todos nos vamos al carajo. ¡Basta ya de seguir viviendo en estas malas condiciones! Lo único que estamos haciendo es hundirnos más en la pobreza y el subdesarrollo.

Con estos bloqueos, marchas y manifestaciones, todo el mundo nos está viendo como una patria intratable, con dosis de salvajismo en parte de sus habitantes. ¿Qué inversionista extranjero se animará a invertir su dinero para instalar una empresa? Definitivamente nadie. Porque al ver tanto destrozo, asalto, robo, odio y delincuencia por parte de los mal llamados “movimientos sociales” del altiplano, lo único que hacen es ahuyentar las inversiones y provocar que estas se dirijan hacia otros países vecinos.

Y todavía tenemos el cinismo de considerarnos “demócratas” y “pacíficos”, cuando en realidad no lo somos. Los hechos nos muestran todo lo contrario. Con estos actos vandálicos no solo estamos destruyendo al país, sino también a la propia democracia. ¿O es que realmente a estos movimientos delincuenciales de “izquierda” les gusta que se los trate a punta de palo, como ocurrió en las épocas de las dictaduras militares?

Desde la recuperación de la democracia en 1982, no aprendimos nada sobre vivir bajo esta forma de gobierno. Confundimos constantemente las libertades que esta nos otorga con libertinaje, pensando que podemos hacer lo que nos da la gana en nuestro diario vivir. No respetamos el ordenamiento jurídico bajo el cual vivimos. Acatamos la ley cuando nos conviene y, cuando no, pregonamos a los cuatro vientos que es “antipopular”.

Con esta guerra interna que estamos viviendo los bolivianos —y no solamente ahora, sino desde hace mucho tiempo— da la impresión de que nuestra patria se dirige hacia un callejón sin salida. El Estado no tiene presencia en varios lugares de nuestro territorio y poco a poco se han configurado “republíquetas”, siendo un ejemplo claro de ello el Chapare, en Cochabamba. La presencia militar y policial está totalmente opacada, donde ni suena ni truena. Tenemos un gobierno nacional totalmente débil e improvisado que, al parecer, ve demasiado grande la tarea de conducir el país. Tampoco existe presencia de un Defensor del Pueblo, quien brilla por su ausencia y solo se dedica a cobrar su jugoso sueldo.

Todo lo estamos resolviendo mediante la fuerza, por medio de la “ley del más fuerte”, como en la selva. Ya no cabe el diálogo para la resolución de nuestros problemas. El terrorismo y el narcotráfico se apoderaron del país, llevándonos al enfrentamiento entre “indios” y “no indios”; entre cambas, collas y chapacos, y lo más grave: entre los propios bolivianos. Situación que nos puede conducir a una fatal guerra civil. ¡Ojalá esté equivocado!

Simplemente nos queda decir: ¡Dios te salve, Bolivia!

Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta - Comunicador social | Comunicador social