A raíz de los cargos penales presentados por el Departamento de Justicia de los EE.UU. contra Raúl Castro por los delitos de conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y otros crímenes cometidos hace treinta años —que llevaron incluso al derribo de dos aeronaves de la organización benéfica Hermanos al Rescate—, se ha puesto de manifiesto el verdadero objetivo de una estrategia política que consiste en liquidar y sepultar al Foro de São Paulo, verdadero enemigo que asoló la región durante todo ese tiempo. Se trata de una entelequia izquierdista creada por Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva, y tutelada por el socialismo español. (Departamento de Justicia)
En varias oportunidades, en este mismo espacio, tuvimos ocasión de advertir cómo esa hidra comunistoide, a través de sus gobiernos títeres, daba pasos certeros y dirigidos a lograr sus siniestros objetivos: el latrocinio, el saqueo y el despilfarro indiscriminado de la riqueza de los países que gobernó, apoyada por cárteles del crimen organizado, como el narcotráfico y la trata de personas, entre otros.
Cuba es la carta de presentación de ese organismo internacional del crimen, con más de 66 años de oprobio, hambre y miseria. Otra es Venezuela, rica nación robada incluso de sus valores morales, al igual que Nicaragua, que corrió igual suerte.
Entretanto, países como Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Ecuador supieron corregir a tiempo el rumbo que los llevaba hacia ese cruel destino, gracias al concurso patriótico de líderes como Javier Milei, José Antonio Kast, Santiago Peña y Daniel Noboa, entre otros, que supieron revertir esa penosa situación.
Hoy, los bolivianos y los paceños en especial, claros exponentes de esta lacra que nos gobernó por más de dos décadas, sufrimos las repercusiones de la caída del llamado socialismo del “Siglo XXI”, con la misma sarta de bloqueos y cercos a la capital que hace dos siglos y medio protagonizara Túpac Katari, pero esta vez bajo la dirección de Evo Morales, pagando facturas al grupo que lo erigió a la presidencia de Bolivia en nombre de un rancio pachamamismo que ahora le promete el retorno a ese alto solio y la absolución de todas sus cuentas pendientes con la justicia nacional e internacional.
Estamos en un momento eminentemente político y ante una escalada mayor del conflicto, donde muchos, de forma equivocada, piensan que saliendo con bandera blanca o con gritos de diálogo se podrá aplacar este movimiento. Sencillamente, esta conmoción obedece a un fenómeno internacional que, como citamos líneas arriba, trata de evitar la caída del Foro de São Paulo o del Grupo de Puebla y, en este instante, los bolivianos somos el último reducto de esa entelequia. De ahí el afán casi zalamero de Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva por apoyar y elogiar a Evo Morales.
Lo cierto es que la reversión histórica que los EE.UU. nos está señalando, con la imputación a Raúl Castro, podría llamarse “Bolivianos al Rescate”. (Departamento de Justicia)