Editorial

Que se vengan todos

Al fragor de los bloqueos que llevan adelante sectores criminales de la sociedad y al no tener argumentos para protestar, rebrota nuevamente el discurso de odio hacia el oriente boliviano...

Editorial | | 2026-05-31 07:58:53

Al fragor de los bloqueos que llevan adelante sectores criminales de la sociedad y al no tener argumentos para protestar, rebrota nuevamente el discurso de odio hacia el oriente boliviano, especialmente contra Santa Cruz. Que “los cambas”, que “los croatas”, que “los separatistas”, que “los blancos”. Los cruceños vuelven a ser el enemigo favorito. Algunos proponen formar un gobierno de aymaras y arrebatarles todo a los “malditos cambas”.

El tema es que no hay ninguna novedad en todo esto. Cada vez vienen más y más personas de occidente y lo seguirán haciendo. Nuestra propuesta es que se vengan todos, pues hay espacio de sobra para ellos, incluso para los que destilan resentimiento.

Acá van a descubrir que vienen muchos campesinos cansados del bloqueo eterno, del chantaje sindical y de dirigentes que les dicen qué hacer, qué sembrar y hasta cuándo protestar. Vienen los que están cansados de depender de favores políticos para sobrevivir. En Santa Cruz descubren algo sencillo, pero poderoso: que la riqueza no se reparte por decreto ni por voluntad de un dirigente, sino que se produce trabajando, algo que ni siquiera les está permitido en sus comunidades, donde los obligan a bloquear, a hacer y repetir todo lo que les dice el jilakata.

Los que llegan del occidente terminan cambiando la manera de ver las cosas. Descubren rápido que el bloqueo no “libera”, sino que destruye. Descubren que cuando se corta una carretera, el perjudicado no es el gran empresario, sino el pequeño productor que pierde su cosecha. Descubren que aquí el principal enemigo del trabajador no es “el rico”, sino la falta de productividad.

Y también descubren la libertad. La libertad de vender donde quieran. De irse a la ciudad sin que nadie les diga que no pueden vender su tierra. La libertad de abrir un negocio, crecer, invertir y progresar. La libertad de asociarse —o no hacerlo— sin presión política. Y sobre todo, descubren algo que parece mal visto en otros lugares: el derecho a querer prosperar.

Aquí nadie le pregunta a un comerciante de qué sindicato es antes de comprarle. Nadie le exige ir a marchas para conservar su puesto. Nadie lo obliga a bloquear para demostrar lealtad. El mercado puede ser duro, pero tiene algo mejor que el sistema clientelar: premia más el esfuerzo que la obediencia política.

Por eso, los migrantes terminan convirtiéndose en defensores del modelo productivo cruceño. Porque entienden rápido que una sociedad donde la gente trabaja, invierte y produce tiene más futuro que una sociedad movilizada todo el tiempo para presionar al Estado.

Por eso, frente al odio, la respuesta debería ser simple: que se vengan todos. Que conozcan una sociedad donde el progreso depende más del trabajo que del conflicto. Que descubran que la libertad económica no es un discurso bonito, sino algo concreto que permite vivir mejor. Tal vez entonces entiendan algo importante: Santa Cruz no creció odiando al resto del país. Creció trabajando mientras otros hacían política permanente.

Los migrantes terminan convirtiéndose en defensores del modelo productivo cruceño. Porque entienden rápido que una sociedad donde la gente trabaja, invierte y produce tiene más futuro que una sociedad movilizada todo el tiempo para presionar al Estado.