Editorial

Evo Morales nos ha sobrepasado

Resulta sorprendente que, después de casi dos décadas de poder, todavía exista gente que describa a Evo Morales únicamente como un líder sindical o como el protagonista...

Editorial | | 2026-06-09 00:04:30

Resulta sorprendente que, después de casi dos décadas de poder, todavía exista gente que describa a Evo Morales únicamente como un líder sindical o como el protagonista de una administración política convencional. Más sorprendente aún es que muchos continúen interpretando los acontecimientos actuales de Bolivia como simples conflictos sociales desconectados de su legado.

Las imágenes de carreteras bloqueadas por milicias civiles radicalizadas y la flagrante resistencia violenta a las fuerzas del orden son los estertores de una corporación que defiende su impunidad.

Resulta increíble que, a estas alturas de nuestra historia, sectores de la opinión pública nacional e internacional sigan tratando a Morales como un simple "líder sindical" y cataloguen a sus casi dos décadas en el poder como una "administración política", cuando en realidad fue una estructura estatal dedicada íntegramente al crimen organizado.

Una alarmante cantidad de analistas, ciudadanos y políticos todavía ponen en duda la verdadera naturaleza del personaje. Es momento de llamar a las cosas por su nombre: Evo Morales ha consolidado una trayectoria que lo posiciona como uno de los narcotraficantes más peligrosos y exitosos del mundo. Logró lo que ningún capo de la droga convencional pudo siquiera acariciar. Consolidó, al pie de la letra, el "sueño dorado" de Pablo Escobar: capturar el aparato del Estado desde adentro mediante las urnas, subvertir la democracia y transformar el territorio nacional en un santuario blindado para el libre flujo de cocaína.

Este proyecto criminal sigue en pie y su meta es quedarse para siempre. Morales ha dejado un país íntegramente penetrado por el narcotráfico en todas sus capas institucionales. La actual asfixia económica —con unas reservas internacionales devoradas, escasez de divisas y un colapso inminente de la matriz energética— es el resultado directo de haber sustituido la economía formal por una gigantesca e invisible lavandería financiera subterránea que hoy pasa factura.

La actual convulsión y los cercos logísticos a las ciudades no son demandas reivindicativas; son operaciones de guerra asimétrica ejecutadas por un feudo que se resiste a ser fiscalizado y que utiliza el sabotaje económico como arma de extorsión masiva.

Lo verdaderamente llamativo y preocupante de este escenario es la pasividad de la comunidad internacional. Es evidente que el gobierno boliviano actual, maniatado y con recursos económicos en mínimos históricos, carece de la capacidad operativa y logística para enfrentar por sí solo a un aparato transnacional de este tamaño.

¿Por qué las fuerzas internacionales no intervienen como lo hicieron con el cartel estatal de Nicolás Maduro? El circuito que comanda Morales no es un problema interno de Bolivia; es un engranaje clave del ecosistema criminal de la región, socio logístico de carteles brasileños y de redes de lavado de activos transnacionales. Tolerar este enclave en el corazón de Sudamérica bajo es una ceguera voluntaria que condena el futuro de la región.

Lo verdaderamente llamativo y preocupante de este escenario es la pasividad de la comunidad internacional. Es evidente que el gobierno boliviano actual, maniatado y con recursos económicos en mínimos históricos, carece de la capacidad operativa y logística para enfrentar por sí solo a un aparato transnacional de este tamaño.