Tribuna

Con la IA se podría identificar a los sediciosos y a los futuros convulsos

Con la IA se podría identificar a los sediciosos y a los futuros convulsos
Javier Medrano | Periodista columnista
| 2026-06-10 00:08:00

China, una vez más, acelera sus pasos rumbo a un control ciudadano casi distópico al poder identificar a quienes, en tiempo real, están cometiendo actos de sedición contra el régimen e incluso predecir quiénes podrían cometer actos políticos contrarios a los mandatos de Xi Jinping. Esta práctica derrumbaría por completo cualquier clase de libertad de conciencia, de expresión y de alternativa de poder en regímenes autoritarios o totalitarios.

La empresa china Geedge Networks ya comercializa una versión de un software denominado Gran Cortafuegos (Great Firewall), cuya finalidad es vigilar y censurar cualquier actividad sospechosa en internet. Esta herramienta permite a los gobiernos monitorear el tráfico en línea y detectar cuándo alguien intenta eludir la censura tradicional de internet, convocar a manifestaciones, organizar reuniones disidentes o determinar quién, en un corto tiempo, podría convertirse en un “problema” para el gobierno chino.

La persecución y el apresamiento de una persona —o de varias— se ejecutarían incluso antes de la comisión del supuesto “delito”. Según diversos reportes, mediante este sistema basado en inteligencia artificial, las autoridades podrían analizar datos de ubicación y de uso de internet con el fin de predecir quién podría hacer o decir algo crítico contra el gobierno.

Esta tecnología, de llegar a perfeccionarse tal como ha sido diseñada, otorgaría a los gobiernos autoritarios —y, por qué no, incluso a algunos democráticos— una poderosa herramienta para utilizar contra sus enemigos reales o percibidos.

¿Cuál es la pesadilla? Que el uso de la inteligencia artificial pueda predecir un cisma político mucho antes de que este se produzca y sin controles ni contrapesos. Eso es precisamente lo que el gobierno de China estaría intentando hacer con sus propios ciudadanos, lo que podría constituir una gigantesca señal de alerta para el mundo occidental debido a la posible restricción de un amplio conjunto de derechos y libertades civiles, políticas, culturales y económicas.

El avance de una tecnocracia que detesta la democracia tal como la conocemos, por considerarla poco competitiva, poco eficiente y con demasiados derechos adquiridos para la población, nos empuja a cruzar un umbral complejo y prácticamente desconocido para la humanidad: el uso de la inteligencia artificial como reguladora del comportamiento humano.

La discusión gira en torno a la capacidad de disponer de chips mucho más potentes que permitan dar este enorme salto cualitativo, y todas las miradas apuntan a Nvidia, la empresa estadounidense que diseña los chips de inteligencia artificial más avanzados del mundo.

Durante la última visita de Trump a China, el CEO de Nvidia formó parte de la comitiva, y todo parece indicar que las empresas chinas —estatales, por supuesto— podrían acceder a estos chips y dar el paso definitivo que necesitan. Control absoluto, ahora y en el futuro. Solo requieren acceso a esa tecnología para luego copiarla y utilizarla con absoluta discrecionalidad en detrimento de sociedades enteras.

La publicación Wired ya advierte que esta tecnología de control, censura y persecución ciudadana estaría aplicándose en países considerados laboratorios, como Etiopía, Kazajistán, Myanmar y Pakistán, permitiendo desarrollar mecanismos de vigilancia masiva y personalizada sobre redes móviles y acceder a la actividad cotidiana de sus ciudadanos.

Toda esta información sería la materia prima para construir perfiles detallados sobre comportamientos, posturas políticas, deseos, vínculos de amistad, relaciones familiares y cualquier otra forma de interacción social, con el propósito de “fichar” digitalmente a cada individuo. En pocas palabras, esta extraordinaria cantera de datos sobre las actividades ordinarias de cada ciudadano serviría para generar perfiles capaces de determinar quién eres y qué harás a continuación. Nada se deja al azar. Ni siquiera la propia gestualidad frente a las pantallas.

En estos tiempos convulsos, aquello que parece invasivo y pernicioso resulta, para muchos, música para los oídos. En escenarios de bloqueos, manifestaciones y conflictos sociales, el uso de la inteligencia artificial podría convertirse en el instrumento ideal para detectar, encarcelar y reprimir a aquellos considerados sediciosos o promotores de convulsión social. Todo dependerá del cristal con que se mire.

Cambios principales: corrección de tildes, puntuación, concordancias verbales, uso correcto de "Xi Jinping", sustitución de expresiones ambiguas y mejora de la cohesión entre párrafos.

Javier Medrano | Periodista columnista