Con la misma duración y pertinacia de los 40 días en que el diluvio universal asoló la Tierra, según el relato bíblico (Génesis 7:12), una horda de narcoterroristas de izquierda, nacionales y forasteros, comandada por la Transnacional del Crimen Organizado y disfrazada de un utópico Movimiento al Socialismo del Siglo XXI, se ha dado a la tarea de bloquear a nuestra patria con el fin de recapturar el poder perdido, luego de haberla gobernado durante dos décadas, saqueando y despilfarrando sus riquezas, con el perverso objetivo de convertirla en un Estado Mayor del narcotráfico, de absoluta propiedad de las mafias.
Al momento de pergeñar la presente entrega, tales medidas de presión van cediendo gracias al enfurecimiento de la población, que se siente vejada sin motivo ni razón alguna, salvo la de ser sede de un gobierno que no atina a encontrar una solución al conflicto.
Entretanto, desde el trópico cochabambino, el dirigente cocalero y expresidente Evo Morales asegura que sus bloqueadores no se cansarán y que, por el contrario, se vienen reorganizando, incluso por turnos, con el fin de continuar las protestas.
Sin embargo, las tan procuradas muertes por parte de los subversores, con el objeto de convertirlas en bandera para sus funestos propósitos, solo han tenido lugar en el seno de los trabajadores transportistas, como consecuencia del prolongado bloqueo carretero al que fueron sometidos durante un mes y medio.
Asimismo, el líder agroquímico, agobiado por un estado paranoide inocultable, ha dirigido sus medidas de presión a exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, a sabiendas de que esa actitud es totalmente inconstitucional y subversiva. Para ello, ha mandado cercar los departamentos de La Paz y Cochabamba, además de mantener cortadas distintas rutas en Santa Cruz, Potosí, Chuquisaca y Oruro.
A guisa de parodiar a un legendario cercador aimara de hace dos siglos, y con un más que rancio discurso castrochavista, exclama: «No vamos a levantar los bloqueos hasta ganar esta batalla. Hablé con los de la Única y me dijeron que vamos a continuar todos en la lucha porque abandonar sería dejar que el Gobierno siga vendiendo Bolivia y siga rematando nuestros recursos naturales».
Frente a tanto dislate, surge la verdadera razón que impulsa a este energúmeno. El verdadero motivo de su comportamiento se resume en un ilimitado pavor a correr la misma suerte de su socio uruguayo, Sebastián Marset; de su padrino, Nicolás Maduro; o del famoso líder del «Tren de Aragua», Héctor Rusthenford Guerrero Flores, a quien la temible DEA norteamericana se habría rehusado a llevar preso a los Estados Unidos, prefiriendo darle de baja hace dos días, en compañía de todo su estado mayor, durante una espeluznante operación militar llevada a cabo en su campamento de la llanura venezolana. Este operativo habría sido diseñado dentro de la estrategia denominada Escudo de las Américas, impulsada por Donald Trump contra las mafias del narcotráfico en la región.
A la luz de lo expuesto, suponemos la angustia que embarga a los empresarios agroquímicos coludidos con los gobiernos socialistas y las grandes mafias organizadas del continente, al presenciar el desplome del izquierdismo.