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Venezuela, sacudida por un doblete sísmico: un siglo de energía liberada en una hora

La sismóloga Gina Paola Villalobos da cuenta de una falla que llevaba más de 100 años acumulando la potencia liberada este miércoles

Equipos de emergencias trabajan en un edificio colapsado en Caracas, este miércoles.
Internacional | El País | 2026-06-25 06:49:41

La tierra no dio tregua. En poco más de 60 minutos, el norte de Venezuela experimentó un fenómeno que desafía la intuición popular pero que habita en la memoria de los registros geológicos: un doblete sísmico. Dos temblores de gran magnitud —uno de 7.2 y otro de 7.5, según los datos preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS)— quebraron la aparente calma tectónica de una región que no registraba un evento de tal envergadura desde hacía más de un siglo. Un evento que ha atraído la atención de los científicos.

Las profundidades de la ruptura, oscilando apenas entre los 10 y los 20 kilómetros de la superficie, multiplicaron el pánico en centros urbanos altamente poblados como Caracas, donde los ciudadanos rememoraron la fragilidad de vivir sobre una frontera de placas.

La ingeniera civil y sismóloga Gina Paola Villalobos Escobar, investigadora de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, desmenuza el comportamiento de estos sismos. Para la experta, el evento no puede tildarse de anómalo, sino de estrictamente “esperable” dentro de los tiempos de la Tierra. El gran problema, apunta, no yace en el subsuelo, sino en la superficie: en la vejez y fragilidad de los códigos de construcción de las ciudades latinoamericanas.

La noción popular de que la Tierra es un organismo vivo que acumula una presión insoportable hasta que estalla tiene un correlato científico preciso. Villalobos lo explica despojando a la sismología de tecnicismos áridos, recurriendo a un principio físico elemental. “A mí me gusta mucho explicarlo en clase con un ejemplo sencillo: imaginen que agarran una pasta, un espagueti crudo, y lo empiezan a doblar poco a poco”, detalla la científica. “La pasta se deforma, pero no se rompe de inmediato. El esfuerzo se sigue acumulando hasta que, de repente, de manera súbita, se oye un chasquido seco y la pasta se quiebra. Eso es, en esencia, un terremoto”.

En el norte de Venezuela, las placas Sudamericana y del Caribe llevan millones de años empujándose mutuamente en una fricción silenciosa e invisible. Las propiedades mecánicas del terreno actúan como ese espagueti crudo, soportando tensiones colosales hasta que superan el límite de su propia resistencia. Cuando el material cede, la energía acumulada durante generaciones se libera de golpe en forma de ondas elásticas.

La escala temporal humana suele jugar en contra de la prevención. Los 126 años transcurridos desde el último gran cataclismo en la zona —ocurrido en 1900— son un parpadeo para la geología. “Nosotros no podemos medir las escalas geológicas en tiempos antropológicos”, advierte Villalobos. “Cada falla tiene sus propias tasas de recurrencia. Mientras que en la costa mexicana del Pacífico ocurren sismos mayores cada 15, 20 o 30 años, otros sistemas geológicos son mucho más lentos para acumular esa energía”.

Lo que ha vuelto particularmente desconcertante este día para la población venezolana ha sido la duplicidad del desastre. Un primer sismo severo fue seguido, apenas una hora después, por una réplica que superó en magnitud al evento inicial. Científicamente, esto se denomina un “doblete sísmico”. “No hay una explicación física única o predictiva para esto. A veces la liberación de energía ocurre en un solo punto y otras veces se da en dos”, puntualiza la sismóloga.

Para ilustrarlo, Villalobos echa mano de otra analogía cotidiana: “Es como cuando sufres una caída y te tuerces un tobillo; a veces se fractura un solo hueso, pero otras veces el impacto es tal que se rompe en dos partes distintas, una más arriba y otra más abajo. Con las fallas pasa igual: un sismo inicial sumamente violento sacude e incomoda a otros segmentos de la misma falla o a fallas contiguas que ya estaban al límite de su resistencia. Digamos que el primer temblor terminó de desacomodar lo que ya estaba a punto de romperse”.

La ocurrencia de dobletes, aunque menos frecuente que el clásico esquema de un gran sismo seguido de réplicas menores decrecientes, cuenta con precedentes claros en la región. La región norte de Venezuela ya se encontraba en un estado de madurez sísmica inminente; el primer quiebre sirvió de detonante para el segundo.

A medida que el terreno busca un nuevo equilibrio tras la deformación permanente de sus estratos profundos, las réplicas continuarán manifestándose durante los próximos días, semanas e incluso meses. Este reacomodo geológico impone un desafío colosal para las autoridades de gestión de riesgos en áreas metropolitanas. “Los terremotos no matan gente. Si a ti te agarra un sismo de magnitud 7,5 en medio de una cancha de fútbol o en un terreno baldío, la vibración te tumbará al suelo, pero el riesgo de perder la vida es mínimo. El peligro real reside en las estructuras civiles; son los edificios que no cumplen con los requerimientos de ingeniería sismorresistente los que colapsan y provocan las tragedias humanas”, recuerda la experta.