Por décadas, la narrativa oficial intentó blindar la imagen de Bolivia como un simple "país de tránsito" del narcotráfico. La investigación Territorios de coca y cocaína (2005-2025), publicada por el Jack D. Gordon Institute de la Universidad Internacional de Florida bajo la autoría de Eduardo Gamarra, destruye esa fachada con la frialdad de los datos. Lo que se edificó en Bolivia durante las últimas dos décadas, bajo las gestiones del MAS es un verdadero imperio de la cocaína, un régimen autoritario narcocompetitivo, con redes que las fuerzas del orden locales están completamente incapacitadas para enfrentar.
Gamarra documenta cómo el país transitó de ser un proveedor de materia prima a un productor y exportador autosuficiente de clorhidrato de cocaína de alta pureza. La evidencia es aplastante: a mediados de la década de 2020, la producción de cocaína pura en Bolivia superó las 300 toneladas anuales, consolidándolo como el tercer productor mundial. Este salto se sostiene en la proliferación de megalaboratorios industriales de cristalización. Tan solo en 2023, las autoridades destruyeron 27 de estas megaestructuras en el Chapare, el bastión político e histórico de Evo Morales.
El MAS institucionalizó una peligrosa zona gris bajo el lema "Coca sí, cocaína no" que amparó el desvío sistemático de la materia prima hacia el circuito ilegal. Mientras que en los Yungas el 93% de la coca se comercializa en mercados legales para el consumo tradicional, en el Chapare la realidad es la inversa: el 90% de la producción de hoja de coca se desvía al procesamiento de drogas. Con más del 80% de los cocaleros locales operando pozos de maceración familiares que rinden unos 4 kilos de pasta base por semana, la base de la pirámide criminal quedó plenamente democratizada y protegida por la estructura sindical oficialista.
Lejos de los rígidos y visibles cárteles de los años 80, el narcotráfico en Bolivia opera hoy a través de cadenas de suministro flexibles y multinodales. Clanes familiares controlan el acopio interno y la logística, mientras que corporaciones criminales de la talla del Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho de Brasil, los cárteles mexicanos de Sinaloa y el CJNG, la mafia italiana "Ndrangheta y las mafias balcánicas actúan como los grandes agregadores que exportan a Europa y el Pacífico.
Las fuerzas de interdicción bolivianas apenas logran interceptar un estimado del 10% de la droga, desbordadas por el flujo terrestre hacia el puerto de Santos en Brasil, el contrabando fluvial en la hidrovía Paraguay-Paraná y las flotas de narcoaviones.
El imperio que comenzó con la retórica de la reivindicación indígena de la hoja de coca terminó convirtiendo a regiones enteras del país en "zonas marrones" fuera del control de la ley. La investigación de Gamarra expone que, más allá de las feroces pugnas internas entre Morales y Arce, ambos mantuvieron intacta la maquinaria económica que sustenta el poder político del MAS: una economía ilícita blindada, transnacional y hoy por hoy, virtualmente invencible para el propio Estado boliviano.