Tribuna

El giro racional de América Latina

El giro racional de América Latina
Rodrigo Peña Antelo | Columnista
| 2026-06-26 03:58:00

Lo que durante años algunos analistas catalogaron como un fenómeno pasajero, una reacción emocional o un mero péndulo histórico, se confirma hoy como algo más profundo y estructural: América del Sur está eligiendo, de manera consciente y sostenida, gobiernos que priorizan el orden, la economía de mercado y la responsabilidad fiscal. El triunfo del candidato libertario Abelardo de la Espriella en el balotaje colombiano es el séptimo eslabón de una cadena que se extiende por todo el subcontinente.

Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Perú y ahora Colombia. No se trata de una casualidad ni de una moda pasajera. Se trata de pueblos que, hartos de décadas de promesas incumplidas, inflación, inseguridad y clientelismo, decidieron confiar en una visión distinta: la del ciudadano libre capaz de prosperar cuando el Estado deja de obstaculizarlo.

Un diagnóstico que los votantes ya hicieron

Eduardo Ruiz, analista de Control Risks, ofrece una explicación que merece ser subrayada: este giro no es ideológico en el sentido abstracto del término, sino profundamente pragmático. Los ciudadanos latinoamericanos no leen a Hayek ni debaten sobre teoría económica clásica; simplemente observan que el deterioro de la seguridad pública, el estancamiento económico y el aumento del costo de vida coinciden, en casi todos los casos, con años de administraciones de izquierda que no cumplieron sus promesas.

En Bolivia, el Movimiento al Socialismo gobernó la mayor parte de dos décadas. El resultado: protestas masivas y bloqueos que terminaron por derribarlo. En Colombia, cuatro años del gobierno de Gustavo Petro dejaron una economía debilitada y una percepción de inseguridad en ascenso. En Chile, el experimento del expresidente Gabriel Boric fue el más corto en crédito político: la sociedad que protagonizó el llamado "estallido social" terminó eligiendo al conservador José Antonio Kast para rectificar el rumbo.

El caso argentino es quizás el más elocuente. Un electorado que en 2023 eligió a Javier Milei —un economista sin experiencia en gestión pública, ruidoso y disruptivo— no estaba apostando a una figura cómoda. Estaba mandando un mensaje inequívoco: prefería el riesgo de lo nuevo al fracaso conocido del peronismo.

El mapa no miente

Siete de las ocho mayores economías de América del Sur están hoy bajo gobiernos de centroderecha o derecha. Paraguay nunca abandonó esa orientación, con el Partido Colorado gobernando de manera casi ininterrumpida desde hace siete décadas. Los demás países llegaron a este punto tras haber experimentado las consecuencias de la administración progresista: cuentas fiscales desastrosas, instituciones debilitadas y ciudadanos más pobres que antes.

El caso peruano merece mención aparte por sus particularidades institucionales, pero también confirma la tendencia: Keiko Fujimori y su partido Fuerza Popular son la fuerza política dominante en un país que claramente ha rechazado el proyecto de izquierda representado por la expresidenta Dina Boluarte.

El horizonte: Brasil y la consolidación pendiente

El gran interrogante que resta es Brasil. Como la mayor economía y democracia del continente, su elección de octubre definirá si esta tendencia se consolida como bloque regional o queda fragmentada. El antilulismo es fuerte, y la marca Bolsonaro —hoy representada por su hijo Flávio— mantiene tracción. Una victoria de la oposición de centroderecha en Brasil no sería simplemente otra elección; sería el cierre simbólico de un ciclo histórico.

El analista Juan Negri advierte con honestidad intelectual que estos gobiernos aún no han logrado una dominación estructural. Es cierto. Pero tampoco es ese el punto. El punto es que los ciudadanos sudamericanos están ejerciendo algo fundamental: el derecho a cambiar de rumbo cuando el anterior no funcionó. Eso, lejos de ser una amenaza para la democracia, es precisamente su esencia.

La ola no promete paraísos inmediatos. Promete algo más modesto y más real: gestión, responsabilidad y respeto por las reglas del mercado. En una región que ha sufrido demasiadas utopías, eso ya es una revolución.

Rodrigo Peña Antelo | Columnista