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El dinero y la brujería (parte 2)

El dinero y la brujería (parte 2)
Javier Gómez Graterol - Religioso y periodista | Religioso y periodista
| 2026-06-27 08:11:03

¿Por qué la brujería tiene poder, por qué puede dar dinero o hacer todo lo que puede hacer? Para la Iglesia, el brujo cree tener poder, pero, quien supuestamente se lo da es el propio Satanás. Según la Biblia, Satanás es el príncipe de este mundo (Juan 12,31; 14,30; 16,11). "Los demonios pueden, con el permiso de Dios, alterar los cuerpos celestes o los elementos del mundo para producir efectos que a los hombres les parecen milagrosos, pero que no son verdaderos milagros, sino prodigios engañosos" (San Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 114).

1 Juan 5,19: Afirma que "todo el mundo está bajo el control del maligno", 2 Corintios 4,4: Lo llama el "dios de este siglo" (o mundo). (Efesios 2,2). Y también debido a su naturaleza angélica, puede operar “milagros” para engañar.

Satanás (divisor) arrebata el evangelio de los corazones de las personas (Mt 13,19); promueve falsas filosofías y "doctrinas de demonios" (1 Timoteo 4,1). Las filosofías de Satanás, son, en la práctica, trampas que usa el demonio para que las personas queden aprisionadas en sus engaños.

Desde la perspectiva de la teología católica, la búsqueda de dinero o bienes materiales a través de la brujería, esoterismo, o cualquier práctica oculta no solo es ineficaz, sino que constituye una grave ofensa a la fe y a la relación del hombre con Dios.

A continuación, expongo las razones teológicas fundamentales por las cuales un cristiano debe rechazar y evitar estas prácticas:

1. Violación del Primer Mandamiento

El fundamento de la moral católica es el amor y la adoración a un solo Dios ("Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón..."). El Catecismo de la Iglesia Católica) es clarísimo al respecto: "Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo [...] son gravemente contrarias a la virtud de la religión" (CIC 2117). "La magia y la brujería son pecados graves contra la virtud de la religión, porque implican recurrir a las criaturas espirituales rebeldes en lugar de recurrir a Dios” (San Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 95).

Acudir a la brujería para obtener dinero implica poner la confianza material y espiritual en "fuerzas" o entidades ajenas a Dios, cometiendo el pecado de idolatría. Se sustituye al Creador por la criatura o por el demonio. "Todos los agüeros y prácticas de la magia... no son más que el resultado de pactos y convenios perversos establecidos entre los hombres y los demonios" (San Agustín, De doctrina christiana).

2. Desnaturalización de la Providencia Divina

El cristiano es llamado a confiar en la Providencia Divina: en las disposiciones por las que Dios conduce a sus criaturas hacia la perfección y el sustento. Jesús mismo nos dice en el Evangelio: "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura" (Mt 6, 33).

"Aunque los que se dedican a las artes mágicas te prometan curaciones, aunque digan que te librarán de un mal, es mejor morir antes que recurrir a los enemigos de Dios. Pues, ¿qué beneficio hay en sanar el cuerpo si se pierde el alma para siempre?" (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Reyes).

Buscar el dinero por vías mágicas revela una profunda falta de fe y un deseo de control de forma autónoma, rechazando la soberanía de Dios y su voluntad amorosa sobre nuestras vidas. Es un intento de "manipular" la realidad material saltándose el orden divino. "El recurso a la brujería, los maleficios o la adivinación es una apostasía práctica, porque se abandona la confianza en la Providencia divina para buscar el auxilio del espíritu del mal" (San Alfonso María de Ligorio, Teología Moral).

3. El peligro de la sujeción espiritual

Teológicamente, la brujería y la magia no actúan por "energías neutrales". Detrás de los rituales que prometen riqueza rápida se esconde la acción del demonio, el "padre de la mentira". El dinero obtenido por estos medios suele ser una trampa que cobra un precio destructivo en la paz familiar, la salud mental y, fundamentalmente, en la salvación del alma. Se cambia la libertad de los hijos de Dios por una forma de esclavitud espiritual.

4. La devaluación del trabajo y la justicia

La doctrina social y la teología moral de la Iglesia dignifican el trabajo humano como el medio legítimo para cooperar con la creación de Dios y ganar el sustento diario. San Pablo es tajante: "El que no quiera trabajar, que tampoco coma" (2 Tes 3, 10).

La brujería promueve la codicia, la avaricia y la ilusión de un enriquecimiento sin esfuerzo ni mérito moral, lo cual corrompe el alma y desvirtúa las virtudes de la justicia y la laboriosidad.

Para la Iglesia, el dinero es un medio de subsistencia y un recurso para hacer el bien, nunca un fin absoluto. Acudir a la brujería para conseguirlo significa vender la primogenitura de la fe por un plato de lentejas material, renunciando a la gracia y rompiendo la comunión con Dios por una riqueza efímera e ilusoria. Dios con nosotros.

Javier Gómez Graterol - Religioso y periodista | Religioso y periodista