
Suiza fue reconocida como el país más seguro del mundo para los inversores en 2026, de acuerdo con el Índice Global de Riesgo y Resiliencia de la Inversión elaborado por Henley & Partners. Con una puntuación de 88,4 sobre 100, el país alpino encabeza una clasificación que prioriza la estabilidad económica e institucional por encima del tamaño de los mercados financieros.
El segundo lugar corresponde a Dinamarca (85,1), seguida por Noruega (83,5). Singapur ocupa la cuarta posición y es el único país no europeo dentro del "top 10", mientras que Suecia, Luxemburgo, Finlandia, Países Bajos, Alemania e Islandia completan el grupo de las economías consideradas más seguras para proteger el capital.
El informe revela un claro predominio europeo. Nueve de los diez primeros puestos pertenecen al continente, lo que refleja la importancia de instituciones sólidas, políticas públicas estables, baja volatilidad económica y una gobernanza confiable como factores determinantes para atraer inversiones en un escenario internacional marcado por la incertidumbre.
América Latina, en contraste, tiene una presencia prácticamente inexistente entre los países mejor posicionados del índice. Ninguna nación latinoamericana figura entre los primeros quince lugares de la clasificación, lo que evidencia los desafíos que enfrenta la región en materia de estabilidad política, fortaleza institucional, disciplina fiscal y confianza para los inversionistas internacionales.
Uno de los aspectos más llamativos del ranking es la ubicación de Estados Unidos, que aparece recién en el puesto 24. Aunque mantiene la mayor economía del planeta, el índice considera que factores como la polarización política, la incertidumbre institucional, la inflación y otros riesgos reducen su capacidad para ofrecer un entorno tan seguro como el de economías más pequeñas y estables.
La metodología utilizada por Henley & Partners no busca identificar los mercados con mayor rentabilidad potencial, sino aquellos capaces de resistir crisis económicas y geopolíticas. Para ello analiza 13 indicadores, entre ellos estabilidad política, gobernanza, inflación, finanzas públicas, riesgo cambiario y solidez monetaria.
Los resultados muestran un cambio de enfoque en la evaluación de los destinos de inversión. El estudio concluye que la resiliencia se ha convertido en un atributo más valioso que el tamaño del mercado, especialmente en un contexto global caracterizado por conflictos geopolíticos, volatilidad financiera y desaceleración económica.
La clasificación también confirma que economías relativamente pequeñas pueden superar ampliamente a potencias tradicionales cuando cuentan con instituciones previsibles, cuentas fiscales equilibradas y políticas económicas consistentes. Esa combinación permite reducir los riesgos para quienes buscan preservar su capital en el largo plazo.
En conjunto, el índice refleja que la seguridad para los inversores depende cada vez menos del peso económico de un país y más de su capacidad para mantener estabilidad política, disciplina macroeconómica y confianza institucional frente a escenarios internacionales de creciente incertidumbre.