
Al menos 25 personas murieron y más de 80 resultaron heridas tras un ataque masivo lanzado por Rusia contra Kiev durante la madrugada del jueves, en lo que las autoridades ucranianas calificaron como el mayor bombardeo contra la capital desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022.
La ofensiva se prolongó durante aproximadamente 11 horas y combinó el lanzamiento de 496 drones y 74 misiles, incluidos proyectiles balísticos de difícil interceptación. Aunque las defensas aéreas lograron derribar la mayoría de los drones, varios misiles impactaron en distintos sectores de la ciudad.
Los bombardeos afectaron más de 20 puntos de Kiev, principalmente edificios residenciales, además de una estación de ambulancias, un instituto de investigación, un hotel y otras infraestructuras civiles. Equipos de rescate continuaban buscando sobrevivientes entre los escombros al cierre de la jornada.
Miles de habitantes pasaron la noche refugiados en estaciones del metro para protegerse de los ataques. Según las autoridades locales, unas 52.000 personas, entre ellas 4.500 niños, utilizaron los refugios subterráneos durante la ofensiva.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, declaró el viernes como día de luto en memoria de las víctimas y aseguró que se trató del ataque más intenso sufrido por la capital desde que comenzó la guerra.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, afirmó que Rusia lanzó más de 70 misiles y cerca de 500 drones contra el país, concentrando el ataque principal sobre Kiev. Añadió que las defensas aéreas interceptaron un número significativo de proyectiles, aunque no pudieron evitar todos los impactos.
Zelenski insistió en que reforzar la defensa aérea es una prioridad absoluta y pidió a Estados Unidos autorizar licencias para fabricar misiles Patriot, además de ampliar la cooperación internacional para fortalecer la capacidad de respuesta de Ucrania.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia sostuvo que la operación estuvo dirigida contra instalaciones militares, plantas de producción de drones, sistemas de navegación para misiles y otras infraestructuras vinculadas a la industria de defensa ucraniana.
Sin embargo, las autoridades de Kiev denunciaron que los ataques alcanzaron zonas habitadas y objetivos civiles, entre ellos un almacén de la Cruz Roja, lo que provocó la destrucción de viviendas y dejó a numerosas familias sin hogar.
La Unión Europea condenó el bombardeo y anunció que propondrá nuevas sanciones contra entidades que apoyan el complejo militar-industrial ruso. Alemania afirmó que el ataque demuestra que Moscú no tiene intención de negociar un alto el fuego.
También el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, condenó la ofensiva y recordó que los ataques contra civiles e infraestructuras civiles constituyen una violación del derecho internacional humanitario y deben cesar de inmediato.
El nuevo bombardeo confirma la creciente intensidad de la denominada "guerra de las ciudades", una estrategia basada en ataques masivos con drones y misiles contra grandes centros urbanos, que incrementa la presión sobre las defensas ucranianas y agrava la crisis humanitaria provocada por más de cuatro años de conflicto.