
Las cifras son frías, pero cuentan una historia preocupante. En apenas un año, Sucre perdió 766 estudiantes. La matrícula escolar pasó de 81.340 alumnos en 2025 a 80.574 en 2026, una caída que no responde a un hecho aislado, sino a un fenómeno que se viene profundizando desde hace varios años.
Detrás de cada estudiante que desaparece de las listas escolares hay una familia que emigró, un padre que perdió el empleo, un adolescente que abandonó los estudios para trabajar o un niño que cambió de ciudad porque sus padres ya no encontraron oportunidades en la capital.
La escuela está comenzando a reflejar una realidad que trasciende a la educación: Sucre está perdiendo población joven.
UNA TENDENCIA QUE TAMBIÉN GOLPEA A CHUQUISACA
Lo que ocurre en la capital forma parte de un proceso departamental.
Los registros oficiales muestran que Chuquisaca tenía 146.426 estudiantes en el año 2000. La matrícula creció durante la primera década del siglo y alcanzó su punto máximo en 2011, con 159.223 alumnos.
Sin embargo, desde entonces comenzó una caída constante.
En 2024 el departamento registró 144.317 estudiantes, es decir, 2.109 menos que hace 24 años y 7.175 menos que en 2021, cuando todavía se contabilizaban 151.492 matriculados.
La disminución ya no puede explicarse únicamente por la reducción de la natalidad. Especialistas sostienen que detrás de estos números existe un problema estructural: la migración por razones económicas.
LAS RUTAS DEL ÉXODO ESCOLAR
Las autoridades educativas identifican tres principales destinos de las familias que abandonan Sucre:
• Chapare, por actividades agrícolas.
• Potosí, por el empleo minero.
• Santa Cruz, principal polo económico del país.
Cada familia que se traslada significa menos alumnos en las aulas, menor demanda educativa y una transformación silenciosa de la estructura demográfica de la ciudad.
UN DATO QUE ENCIENDE LAS ALARMAS: LA BASE ESCOLAR SE ESTÁ ESTRECHANDO
Las estadísticas de 2026 muestran una distribución que merece atención.
Del total de 134.804 estudiantes matriculados en Chuquisaca:
• 14.800 (11%) corresponden al nivel Inicial.
• 61.226 (45,4%) cursan Primaria.
• 58.778 (43,6%) están en Secundaria.
A primera vista podría parecer una distribución equilibrada entre Primaria y Secundaria. Sin embargo, para especialistas en educación el dato revela otro fenómeno.
Históricamente, la Primaria siempre concentró una diferencia mucho mayor respecto a Secundaria porque cada año ingresaban nuevas generaciones de niños al sistema escolar.
Hoy esa diferencia prácticamente desapareció. Esto puede interpretarse como una señal de que la base de ingreso al sistema educativo se está reduciendo, ya sea por la disminución de nacimientos o porque numerosas familias migran antes de que sus hijos ingresen o permanezcan en la escuela.
Los especialistas advierten que no debe interpretarse que ahora "más estudiantes llegan a Secundaria", sino que el fenómeno podría responder a una menor incorporación de nuevos alumnos al sistema. Para confirmar cambios en la permanencia escolar se requerirían datos de seguimiento por cohortes, no solo una fotografía de la matrícula por niveles.
LAS AULAS VACÍAS CUENTAN LA HISTORIA ECONÓMICA DE SUCRE
Para especialistas en educación, la reducción sostenida de la matrícula escolar no constituye únicamente un problema del sistema educativo.
Es un indicador del estado económico y social de una ciudad.
Cuando disminuye el número de estudiantes, también disminuye la cantidad de familias jóvenes, de futuros profesionales, de consumidores y de mano de obra calificada.
En otras palabras, una ciudad que pierde estudiantes está perdiendo capacidad de renovarse.
"La disminución sostenida de la matrícula escolar no debe interpretarse únicamente como una estadística educativa. Es, sobre todo, un indicador del deterioro demográfico y económico de la región. Cuando una ciudad pierde estudiantes, en realidad está perdiendo familias, población joven y oportunidades de desarrollo. Las aulas vacías reflejan hogares que migran en busca de empleo y mejores condiciones de vida."
LA EDUCACIÓN NO PUEDE RESOLVER SOLA UN PROBLEMA ECONÓMICO
Los especialistas coinciden en que reorganizar escuelas o redistribuir maestros será insuficiente si no cambian las condiciones económicas que obligan a las familias a emigrar.
La respuesta debe involucrar políticas de empleo, vivienda, desarrollo productivo y generación de oportunidades para los jóvenes.
"La mejor política educativa muchas veces comienza fuera del aula: con empleo digno y condiciones para que las familias no tengan que abandonar su ciudad."
"LOS JÓVENES YA NO PIENSAN EN LA UNIVERSIDAD; PIENSAN EN TRABAJAR"
La docente universitaria Olga Mary Martínez, que durante años recorrió provincias y municipios de Chuquisaca, observa una realidad que las estadísticas apenas alcanzan a mostrar.
Explica que la migración responde a la búsqueda de mejores condiciones de vida, pero también a situaciones de pobreza cada vez más complejas.
Muchos jóvenes no solo deben sostenerse económicamente, sino asumir el cuidado de sus hermanos menores porque sus padres emigraron a otras regiones o al extranjero.
La académica recuerda una experiencia ocurrida durante la difusión de carreras universitarias en un municipio cercano a Sucre.
El director distrital reunió a los estudiantes de último curso de tres o cuatro unidades educativas para conocer sus proyectos de vida. El resultado fue revelador: de cada promoción, apenas entre dos y tres jóvenes manifestaban su intención de ingresar a la universidad.
La gran mayoría tenía otro destino en mente: migrar a Santa Cruz, Chile u otras regiones donde esperaban encontrar trabajo de manera inmediata, postergando o renunciando a la posibilidad de continuar estudios superiores por la falta de recursos económicos de sus familias.
Cuando les preguntaron por qué no estudiarían, respondieron que sus familias no tenían recursos económicos y que necesitaban trabajar inmediatamente.
La misma situación también se observa en la universidad.
Muchos estudiantes logran inscribirse, pero abandonan las clases porque deben migrar por motivos laborales, principalmente hacia Chile.
LA INVERSIÓN PÚBLICA TAMBIÉN ENTRA EN EL DEBATE
El investigador Paul Alexis Montellano sostiene que el problema también debe analizarse desde la estructura del gasto público.
Según explica, los gobiernos subnacionales destinan entre 20% y 30% de sus presupuestos al pago de salarios, cerca de 40% al financiamiento concurrente de salud y educación, mientras que apenas entre el 4% y el 10% queda disponible para inversiones que impulsen la economía local.
A su juicio, mientras no existan inversiones capaces de generar empleo, la migración continuará afectando directamente a las escuelas.
"EL FUTURO YA NO ESTÁ AQUÍ"
Para el sacerdote Ricardo Ojeda, director de la Pastoral Social Caritas (Pascar), los datos reflejan un cambio profundo en las expectativas de los jóvenes.
Lamenta que miles de adolescentes identifiquen como proyecto de vida marcharse al Chapare, a las zafras agrícolas, al norte de Chile, al norte de Argentina o a Santa Cruz, porque allí encuentran oportunidades laborales que no perciben en sus lugares de origen.
Advierte que muchos abandonan la escuela para incorporarse al trabajo y una gran parte ya no regresa a sus comunidades.
MÁS QUE UNA CIFRA EDUCATIVA, UNA ADVERTENCIA PARA LA CIUDAD
Las cifras muestran que la disminución de estudiantes no es un fenómeno coyuntural. Responde a cambios demográficos, económicos y sociales que vienen transformando a Sucre y a Chuquisaca desde hace más de una década.
Cada aula con menos alumnos representa mucho más que una reducción estadística. Refleja familias que migran, jóvenes que postergan o abandonan sus estudios y una ciudad que enfrenta el desafío de retener a sus nuevas generaciones.
El debate, por tanto, ya no es únicamente cómo mejorar la educación. La pregunta de fondo es cómo crear las condiciones para que los niños y jóvenes puedan seguir estudiando sin verse obligados a dejar su tierra para buscar un futuro en otro lugar.