
Rusia lanzó este lunes un ataque masivo con misiles balísticos contra Kiev y otras regiones de Ucrania, un día antes del inicio de la cumbre anual de la OTAN en Ankara. El bombardeo dejó al menos 14 muertos en la región de la capital ucraniana y evidenció las dificultades de las defensas aéreas para frenar este tipo de armamento.
Según las autoridades ucranianas, ninguno de los 29 misiles balísticos empleados por las fuerzas rusas fue interceptado, en lo que representa uno de los ataques más contundentes de las últimas semanas.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, atribuyó el fracaso de la defensa aérea a la escasez de misiles interceptores PAC-3 utilizados por los sistemas Patriot, considerados fundamentales para neutralizar amenazas balísticas.
El mandatario pidió a Estados Unidos y a los países europeos que adopten decisiones concretas durante la cumbre de la OTAN para reforzar la protección del espacio aéreo ucraniano y evitar nuevas pérdidas de vidas civiles.
"Mientras los misiles Patriot permanezcan en los almacenes de nuestros aliados, Rusia seguirá atacando nuestras ciudades", afirmó Zelenski al reclamar un incremento urgente de la ayuda militar.
El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andrí Sibiga, respaldó ese pedido y aseguró que existen miles de misiles PAC-3 almacenados en países aliados que podrían destinarse a Ucrania, el único país que enfrenta ataques balísticos de forma casi semanal.
Sibiga informó además que entre las víctimas mortales del ataque se encuentran un niño y sus padres, cuyos cuerpos fueron recuperados entre los escombros de un edificio alcanzado por los misiles.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia señaló que la ofensiva estuvo dirigida contra empresas vinculadas a la industria militar, instalaciones energéticas, depósitos de combustible y aeródromos militares ubicados en Kiev y en las regiones de Dnipropetrovsk, Poltava, Cherkasi y Cherníguiv.
Moscú afirmó que durante la operación utilizó 351 drones y 68 misiles de distintos tipos, entre ellos misiles balísticos Iskander-M y proyectiles Zircón y Óniks, con el objetivo de destruir infraestructura estratégica utilizada por las Fuerzas Armadas ucranianas.
Las autoridades rusas aseguraron además que fueron alcanzadas fábricas de drones, plantas de ensamblaje de radares, instalaciones dedicadas a la producción de vehículos blindados y centros relacionados con el desarrollo de misiles y drones navales.
Mientras tanto, Ucrania mantuvo su propia campaña de ataques con drones sobre territorio ruso. Según Moscú, más de 500 aeronaves no tripuladas fueron lanzadas contra distintos objetivos estratégicos, incluyendo una refinería en la región de Yaroslavl y la ciudad portuaria de Sebastópol, en la península de Crimea, donde se registraron nuevos cortes de electricidad.
Las autoridades rusas informaron también de la muerte de dos civiles en ataques atribuidos a Ucrania en Crimea y en la región fronteriza de Bélgorod. La nueva escalada militar se produce en vísperas de la cumbre de la OTAN, donde el fortalecimiento de la defensa aérea ucraniana figura entre los principales temas de discusión.