
Estados Unidos lanzó una nueva ofensiva aérea contra Irán y aseguró haber alcanzado alrededor de 90 objetivos militares estratégicos, en una escalada que prácticamente dio por terminado el alto el fuego alcanzado el pasado 17 de junio. La operación fue ordenada por el presidente Donald Trump, quien responsabilizó a Teherán de los recientes ataques contra embarcaciones comerciales en el estrecho de Ormuz.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que los bombardeos estuvieron dirigidos contra sistemas de defensa antiaérea, depósitos de misiles y drones, radares costeros, embarcaciones rápidas de la Guardia Revolucionaria y otras instalaciones militares, con el objetivo de reducir la capacidad iraní para amenazar la navegación internacional.
Washington sostuvo que la ofensiva fue una represalia por los ataques atribuidos a Irán contra varios buques comerciales que transitaban por el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial y por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el planeta.
Durante la cumbre de la OTAN, Trump declaró que el acuerdo de alto el fuego "ha terminado" y advirtió que Estados Unidos volverá a atacar si Irán realiza nuevas acciones contra intereses estadounidenses o contra el tráfico marítimo internacional. Aunque dejó abierta la posibilidad de mantener conversaciones diplomáticas, calificó a las autoridades iraníes de "mentirosas" y reiteró que buscará impedir que el país desarrolle armas nucleares.
La respuesta iraní fue inmediata. La Guardia Revolucionaria afirmó haber lanzado ataques con drones y misiles contra bases militares estadounidenses ubicadas en Kuwait, Baréin, Qatar y Jordania, además de advertir que ampliará sus operaciones si Washington continúa con los bombardeos.
Las autoridades militares de varios países del Golfo activaron sus sistemas de defensa aérea. Jordania informó haber interceptado ocho misiles iraníes, mientras que Kuwait aseguró haber destruido cuatro misiles y diez drones, registrando al menos una persona herida. Baréin también reportó la activación de sirenas antiaéreas y la interceptación de proyectiles.
El Ministerio de Salud de Irán informó que los ataques estadounidenses de los últimos dos días dejaron al menos 14 muertos y 78 heridos. Entre las víctimas figuran miembros de las fuerzas armadas iraníes, aunque las autoridades no precisaron cuántos civiles fallecieron durante los bombardeos.
Las explosiones alcanzaron varias ciudades del sur iraní, entre ellas Bandar Abbas, Konarak, Chabahar y Bushehr. También fueron reportados daños en infraestructura ferroviaria y en puentes estratégicos utilizados para conectar distintas regiones del país.
En medio de la escalada, Naciones Unidas, Qatar, Pakistán, Omán y Turquía pidieron una desescalada inmediata del conflicto y exhortaron a Washington y Teherán a retomar el diálogo diplomático para evitar una guerra de mayores dimensiones en Medio Oriente.
El aumento de las hostilidades también tuvo un impacto inmediato en los mercados energéticos. El precio del petróleo Brent llegó a superar los 80 dólares por barril durante la jornada, impulsado por el temor a interrupciones en el suministro mundial debido a la inestabilidad en el estrecho de Ormuz.
Mientras tanto, Irán insistió en que cualquier reapertura total del estrecho dependerá de las condiciones impuestas por Teherán y acusó a Estados Unidos de violar el memorando de entendimiento firmado semanas atrás. La comunidad internacional sigue atenta a una crisis que amenaza con extenderse a toda la región del Golfo y comprometer la seguridad energética mundial.