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Los ataques con drones de Ucrania desatan crisis de combustible en Rusia

La ofensiva de Kiev golpeó las principales refinerías rusas, provocó racionamiento de gasolina, largas filas en estaciones de servicio y obligó al Kremlin a reconocer el desabastecimiento.

Internacional | Agencias | 2026-07-09 20:13:41

Los ataques con drones lanzados por Ucrania contra la infraestructura petrolera de Rusia desencadenaron una crisis de combustible que afecta a más de 50 millones de personas, cerca del 35% de la población del país. La ofensiva provocó escasez de gasolina, racionamiento, restricciones de venta y largas filas en decenas de regiones, llevando el impacto de la guerra al interior del territorio ruso.

La campaña aérea ucraniana se intensificó en mayo con ataques dirigidos a instalaciones energéticas estratégicas. Entre los objetivos alcanzados figuran las diez mayores refinerías de Rusia, incluida la planta de Omsk, responsable de aproximadamente el 7% de la capacidad nacional de refinación y ubicada a unos 2.500 kilómetros del frente de combate.

La primera región en sufrir las consecuencias fue Crimea, anexada por Moscú en 2014, donde las autoridades declararon el estado de emergencia, implementaron la venta de gasolina mediante cupones electrónicos y enfrentaron apagones generalizados. Posteriormente, casi 50 regiones adoptaron restricciones similares y, para el 8 de julio, la mayor parte del país aplicaba algún tipo de limitación al suministro.

La magnitud de la crisis obligó al presidente ruso, Vladimir Putin, a reconocer públicamente la existencia de "algunas carencias" de combustible, aunque aseguró que la situación no era crítica y que el Gobierno trabajaba para restablecer el abastecimiento.

En varias provincias se establecieron sistemas de racionamiento que permiten cargar combustible únicamente determinados días, según la terminación par o impar de la matrícula del vehículo. En algunas zonas, las autoridades incluso desplegaron fuerzas de seguridad y grupos cosacos para evitar incidentes entre los conductores que aguardaban durante horas o incluso días para repostar.

Las escenas de largas filas y restricciones evidencian un cambio en el impacto del conflicto. Si hasta ahora la guerra se concentraba principalmente en el frente, los ataques ucranianos comenzaron a alterar la vida cotidiana de millones de ciudadanos rusos que viven a cientos o miles de kilómetros de la línea de combate.

Especialistas del sector energético estiman que entre el 20% y el 40% de la capacidad de refinación de Rusia quedó temporalmente fuera de servicio como consecuencia de los bombardeos. Según la Escuela de Economía de Kiev, en junio la producción de combustibles refinados cayó un 28% respecto al promedio de los últimos cinco años y un 35% frente a la capacidad nominal del sistema.

Aunque el impacto económico general aún es limitado, los primeros efectos ya comenzaron a extenderse a otros sectores. En la ciudad siberiana de Chita, una empresa suspendió el servicio de recolección de basura por falta de combustible, mientras aerolíneas regionales y empresas de taxis advirtieron sobre futuros incrementos en sus tarifas.

El mayor mercado electrónico de Rusia, Wildberries, también anunció un aumento en las comisiones cobradas a sus vendedores, atribuyendo la medida al incremento de los costos logísticos derivados del desabastecimiento de combustible.

Analistas sostienen que Moscú dispone de pocas herramientas para estabilizar rápidamente el mercado debido a que históricamente produce un volumen de gasolina similar al que consume y cuenta con una capacidad limitada de almacenamiento, lo que dificulta compensar una interrupción prolongada del suministro.

Para enfrentar la emergencia, el Kremlin autorizó la comercialización de combustibles de menor calidad, incrementó las importaciones desde Bielorrusia —que alcanzaron niveles récord— y prohibió las exportaciones de diésel con el fin de garantizar el abastecimiento interno y asegurar el suministro para las operaciones militares en el frente. Sin embargo, la persistencia de los ataques ucranianos mantiene la presión sobre el sistema energético ruso y amenaza con prolongar una de las mayores crisis de combustible registradas en el país desde el inicio de la guerra.