Cada vez son más fuertes las críticas hacia Donald Trump, que está está manejando Venezuela como una empresa, ¿funcionará? Todo indica que sí. Pero antes surge una pregunta inevitable: ¿existía realmente otra alternativa para rescatar un país devastado tras casi tres décadas de chavismo? Cuando una nación pierde su capacidad productiva, destruye sus instituciones y espanta la inversión, la lógica empresarial de reorganizar, sanear las finanzas y recuperar la confianza parece más una necesidad que una opción. Es un método muy distinto al modelo estatista que impusieron Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Si ese esquema se mantiene, Venezuela tiene muchas más posibilidades de crecer que bajo el chavismo, responsable del colapso económico, la hiperinflación y el mayor éxodo de su historia. Sin embargo, el verdadero éxito se medirá por la calidad de vida de los venezolanos. Si la recuperación petrolera, la inversión privada y la estabilidad institucional avanzan al mismo ritmo, en dos o tres años podrían verse mejoras palpables en empleo, salarios y servicios. La reconstrucción completa demandará más tiempo, pero hoy Venezuela parece tener una oportunidad mucho mayor de prosperar que la que tuvo bajo Chávez y Maduro.