El gobierno de Rodrigo Paz insiste en repetir que Evo Morales y Luis Arce dejaron un desastre, pero sus acciones muestran otra cosa: parece que se ha encariñado con esa herencia. La ampliación de la Línea Café y el anuncio de la Línea Carmesí de Mi Teleférico —una de las empresas más deficitarias del Estado— demuestran que no solo cuidan el legado del MAS, sino que lo continúan y expanden, con créditos millonarios del BID mientras las arcas públicas siguen desangrando y empobreciendo a los bolivianos. Lo mismo ocurre con Emapa, sostenida sin que nadie explique sus beneficios, además de fomentar la corrupción. Y como si faltara algo, Paz retoma el viejo discurso demagógico de "gas para La Paz" y la exploración petrolera en el norte paceño, la misma promesa que repitieron todos los populistas anteriores sin resultados tangibles. Gastar sin resolver problemas de fondo parece ser la constante: cambian los discursos, pero las prácticas administrativas del Estado siguen intactas. Al final, deshacerse del "desastre" heredado exige algo más que criticarlo en público.