Estos días, redes y medios han explotado
—en contra muchos, a favor los menos— sobre los reclamos contra la designación
de Zvonko Matković Ribera al frente del Directorio de la filial de la Empresa
Nacional de Electricidad denominada ENDE Valle Hermoso, en Cochabamba. Ver la
grabación de la conferencia de prensa de la Brigada parlamentaria de ese
departamento me ayudó —en buena medida y aunque no coincida con toda su
argumentación— a dividir los distintos aspectos que deben analizarse en ambas
posiciones y, a la vez, lograr clarificar argumentos al desagregarlos, algo que
cada vez hacemos menos todos y es una deuda de los medios de comunicación: 1)
si las sedes de empresas nacionales son usufructo de la región donde se
asientan, 2) la capacidad profesional del designado, 3) el cuoteo político para
su designación, 4) el potencial nepotismo para allegados del nuevo directivo y
5) la procedencia de nacimiento del mismo. Desglosemos.
1) ¿Las sedes
de empresas nacionales son usufructo de la región donde se asientan? Partiendo
de que no son propiedad regional porque son del Estado nacional (es decir, de
todos los bolivianos) y que usufructo es el derecho legal que permite a alguien
o algo (persona, institución = el usufructuario) usar y disfrutar un bien ajeno
y percibir sus frutos (manejarlo, gerenciarlo) sin ser la propietaria (persona,
institución), no queda duda de que ninguna de las reparticiones del Estado
Nacional (en este caso de marras: las filiales de ENDE Corporación) son —ni
deberían ser— manejadas desde decisiones y criterios regionales o sectoriales
(lo que no implica desoír los intereses y necesidades de su zona de
intervención) porque eso implicaría la inexistencia de una política nacional.
(¿Imaginaría a PETROBRAS Bolivia con un presidente de la sucursal nombrado por…
la Asamblea Legislativa de Santa Cruz, donde estaba la sede?). Definitivamente
no hay usufructo, pero sí el gestionar entendiendo e incorporando en las
decisiones esos intereses y necesidades.
2) ¿Cuál es
la capacidad profesional del designado?, es decir, de Matković Ribera.
Revisando internet (y auxiliándome de la IA) encontré que estudió economía
(Wikipedia) en la Kansas State University, en Estados Unidos (Bloomberg), y la
IA agrega que «su formación es general en economía y ciencias empresariales,
sin que exista registro público de una especialidad o posgrado específico
adicional en el sector eléctrico o de ingeniería». En resumen, y aunque es
conocida su actividad empresarial en el grupo familiar, su experiencia es
inespecífica para el cargo de marras.
3) ¿Su
designación es resultado del cuoteo político? Con independencia de que Matković
Ribera fue perseguido y prisionero político por el régimen evista (y por ello
tiene toda mi solidaridad y la de muchos), el haber sido hasta ahora un fiel
dirigente de CREEMOS y esta agrupación (aunque derrotada en la elección
subnacional última) integrante del bloque UNIDAD (aliado más circunstancial que
tácito del actual Gobierno), da señal para suponer que —sin contar con la
experiencia específica profesional— su designación fue un caso de nombramiento
de consuelo mediante cuoteo político, como también lo sería el difundido
(supuesto) nombramiento de embajador en Paraguay de su líder político
derrotado.
4) El
potencial nepotismo con allegados del nuevo designado. Es posible y hasta
lógico que suceda que el nuevo presidente se acompañe de personal de su
confianza, considerando que su única experiencia de cargo público ha sido
circunscrita a Santa Cruz —como presidente de la Asamblea Legislativa Departamental.
Este arropamiento de personal conocido puede circunscribirse a su entorno
inmediato operativo, pero puede ser mucho mayor (lo que sería una posible
masacre blanca de personal actual), incluso en áreas técnicas, pero eso es pura
especulación a hoy.
5) La
procedencia de nacimiento de Matković Ribera. Aunque a primera lectura puede
parecer muy vinculado al primer cuestionamiento —el usufructo por las regiones
donde se ubican las sedes de empresas nacionales, argumento ya dilucidado—, acá
entra otra faceta de análisis: la de la permanente confrontación social y
económica del masismo con Santa Cruz (su designación como permanente enemigo
interno en la dicotomía amigo-enemigo), que en su decenio adquirió carácter
ideológico de enemigos del pueblo (entendido para el Poder el pueblo como el
boliviano masista), distanciamiento con ribetes xenófobos cuyas raíces
históricas pueden encontrarse incluso en el período colonial.
Creo que he podido dar, sin animosidad ni
simpatía, los argumentos principales de este debate alrededor de la designación
de Matković Ribera en un cargo del Estado en una región distinta a la que ha
tenido actuación hasta ahora. La conclusión sobre lo debatido es de usted,
amigo lector.
Mañana va a ser la final de la Vigésima
Tercera Copa Mundial de Fútbol, la primera en tres países y la primera con 48
seleccionados nacionales participantes. Al margen de los problemas en
arbitraje, de la importancia del mercadeo y la publicidad (lo que, por otra
parte, beneficia a la bolsa para los equipos) y de intromisiones poco veladas,
ha sido una fiesta para todo el mundo.
También ha sido la despedida —por edad—
de algunos grandes jugadores que participaron en este como su último gran
desafío: Cristiano Ronaldo (Portugal), Craig Gordon (Escocia), Guillermo Ochoa
(México), Luka Modrić (Croacia), Manuel Neuer (Alemania), Edin Džeko (Bosnia y
Herzegovina), Vozinha (Cabo Verde), Fernando Muslera (Uruguay) y Lionel Messi,
un año más joven que casi todos ellos, pero también en puerta del glorioso
despido, sobre todo después de dos grandes Mundiales seguidos. Cuatro
goleadores y cinco arqueros que hicieron enorgullecer e ilusionarse a sus
países y a múltiples aficionados.
Y acá hago una pausa: una encuesta
realizada por Giacobbe y Asociados preguntó a 2.500 argentinos a quién sus
paisanos se parecían más «en cuanto a valores y forma de ser», entre Lionel
Messi y Diego Armando Maradona, y la respuesta fue contundente —cuando menos,
decir provocativa—: el 57,4 % de los encuestados nombró a Maradona y solo el
39,4 % mencionó a Messi. Maradona ganó como «espejo de la argentinidad» [sic],
un resultado inconcebible a pesar de lo democrático de las respuestas: el
jugador que más éxitos ha logrado, estable, ejemplo para niños y jóvenes y del
que no se han sabido escándalos, fue superado ampliamente (casi un 20 % más de
autoidentificación) por aquel que pasó a la historia de su país y del fútbol
por una falta —causa de victoria mundialista— que, con mucho, no sería
recordada si él mismo no se hubiera encargado de enorgullecerse de ella: la
«mano de Dios», a lo que se suma drogadicto, amigo de dictadores, fanfarrón e
ignorante, uno de los que Cipolla catalogaría como estúpidos y yo he llamado
ignorantes; triste consecuencia él del desgaste nacional —cultural y educativo
en particular— por el peronismo y su endiosamiento dentro de la urgente
necesidad de un país por sentir orgullo (y esperanza) de algo en el hueco
terrible de las dictaduras del plan Cóndor.
Me niego a creerlo.