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Tren bioceánico por Bolivia

Tren bioceánico por Bolivia
Rolando Tellería A. | Profesor de Ciencias Políticas de la UMSS
| 2026-07-21 01:23:54

En la búsqueda de nuevos caminos hacia el desarrollo, y para dejar de ser un país pobre, subdesarrollado y dependiente de la exportación de materias primas, Bolivia debe actuar con inteligencia y visión para aprovechar su privilegiada ubicación geográfica. En ese contexto, el tren bioceánico representa una oportunidad capaz de transformar profundamente el destino económico del país.

Aunque Bolivia no cuenta con acceso soberano a los océanos Pacífico y Atlántico, ocupa prácticamente el centro geográfico de Sudamérica. Cualquier corredor que pretenda conectar ambos océanos, o unir el norte y el sur del continente, encuentra en territorio boliviano el trayecto más corto y eficiente. La geografía nos otorgó una ventaja estratégica que la política aún no ha sabido convertir en prosperidad.

El principal factor del desarrollo de las naciones sigue siendo el capital humano. Existen países con escasos recursos naturales que hoy figuran entre las economías más avanzadas gracias a la calidad de su educación, sus instituciones y su capacidad de innovación. El segundo factor son los recursos naturales, y Bolivia los ha tenido en abundancia: plata, caucho, estaño, hidrocarburos y, más recientemente, litio y minerales críticos. Sin embargo, esas riquezas nunca se tradujeron en bienestar colectivo y terminaron beneficiando principalmente a las élites de turno.

Hoy el país registra uno de los PIB per cápita más bajos de la región y miles de jóvenes emigran cada año en busca de oportunidades. Por ello, resulta imprescindible pensar el desarrollo desde una perspectiva distinta. Durante dos siglos hemos dependido de lo que se extrae del subsuelo; ahora debemos aprovechar el lugar donde estamos.

Convertir a Bolivia en el gran centro logístico de Sudamérica permitiría generar riqueza mediante el transporte, la logística, el comercio internacional, el almacenamiento, la industrialización y la conexión regional. En esa perspectiva, el corredor bioceánico y un moderno tren bioceánico eléctrico deben dejar de ser simples proyectos de infraestructura para convertirse en una auténtica política de Estado.

Sin embargo, el desafío va mucho más allá de construir vías férreas. Existen proyectos alternativos que buscan conectar ambos océanos evitando territorio boliviano. Además, la conflictividad social, los bloqueos recurrentes y la inestabilidad política han deteriorado la credibilidad del país. Difícilmente llegarán inversiones multimillonarias mientras persista la incertidumbre.

Por ello, el éxito del proyecto requiere estabilidad política, seguridad jurídica, una diplomacia moderna y una visión nacional compartida. Bolivia debe fortalecer una política exterior orientada a la integración regional y a la atracción de inversiones estratégicas.

Los beneficios serían extraordinarios. El país podría consolidarse como un centro logístico continental, impulsando la creación de puertos secos, parques industriales, centros de distribución, zonas francas, servicios financieros y nuevas cadenas de suministro. El impacto sobre el empleo, la inversión privada y el crecimiento económico tendría un efecto transformador para toda la economía.

Las ventajas no serían únicamente económicas. El tren bioceánico integraría regiones, reduciría desigualdades territoriales y generaría oportunidades para miles de jóvenes que ya no tendrían que emigrar para construir un proyecto de vida. Asimismo, fortalecería el intercambio de conocimiento, innovación, turismo, ciencia y cultura, convirtiendo a Bolivia en un punto de encuentro entre el Atlántico y el Pacífico, así como entre el Mercosur y la Comunidad Andina.

Los grandes países no transforman su historia solo por descubrir nuevos recursos naturales, sino por saber aprovechar inteligentemente sus ventajas estratégicas. Bolivia tiene hoy una oportunidad histórica. Si logra convertir su ubicación geográfica en una verdadera política de Estado, el tren bioceánico dejará de ser únicamente una obra de infraestructura para convertirse en la columna vertebral de una nueva economía y en el proyecto de desarrollo más importante desde la fundación de la República. Porque, por primera vez en mucho tiempo, la mayor riqueza del país no estaría bajo la tierra, sino sobre ella.

El autor es profesor de la Carrera de Ciencia Política de la UMSS

Rolando Tellería A. | Profesor de Ciencias Políticas de la UMSS