Desde el próximo 28 de julio, Bolivia y Perú vivirán una excepcional coincidencia histórica. Rodrigo Paz, en Bolivia, y Keiko Fujimori, en Perú, encabezarán, respectivamente, gobiernos elegidos democráticamente. Ambos son hijos y herederos políticos de presidentes que gobernaron nuestros países simultáneamente a fines de los años noventa.
¿Qué podemos anticipar sobre cuál será la conducta de estos herederos políticos un cuarto de siglo después?
¿Seguirá Keiko Fujimori el ejemplo de su padre y estará dispuesta a asumir los riesgos y costos de gobernar con firmeza frente a una crisis?
¿Estará Rodrigo Paz dispuesto a correr esos riesgos cuando la realidad se lo exija?
Alberto Fujimori, luego de derrotar sorpresivamente al ilustre escritor Mario Vargas Llosa en las elecciones de 1990, enfrentó un desafío existencial para el Perú. Sendero Luminoso, una organización terrorista marxista, brutal y sanguinaria, estaba a punto de hacerse del poder por las armas.
Ya elegido presidente, no solo reorganizó las fuerzas del orden y capturó espectacularmente a su jefe, derrotando a Sendero Luminoso; también firmó la paz definitiva con Ecuador y reformó las instituciones, independizando al Banco Central, responsable, entre otros factores, de la estabilidad y el crecimiento de su país hasta la fecha.
¡Y así salvó al Perú!
Esa victoria llevó a Fujimori al extremo de clausurar el Congreso y prácticamente declararse dictador, lo que le significó pagar un altísimo costo. Tras su derrocamiento, fue sometido a una feroz persecución política y permaneció en prisión prácticamente hasta el día de su muerte.
Pagó muy caro su responsabilidad de gobierno y su patriotismo.
Otro caso emblemático e históricamente coincidente es el de Jamil Mahuad, en Ecuador. Negoció con Fujimori y logró la paz definitiva con el Perú; además, adoptó la dolarización, medida que libró permanentemente al Ecuador de la inflación.
Nada de aquello fue suficiente para evitar su derrocamiento. Luego de solo 18 meses de gobierno y tras alcanzar dos gigantescos logros históricos, Mahuad fue depuesto por un golpe militar y continúa hoy exiliado de su país.
En Bolivia ocurrió algo similar con el dos veces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, "Goni". Primero, bajo el liderazgo del presidente Víctor Paz Estenssoro, en 1985 ejecutó las reformas destinadas a detener la mayor crisis hiperinflacionaria de la historia. Después, ya como presidente, impulsó el programa de modernización más novedoso, serio y equilibrado desde la Revolución de 1952.
Sin embargo, en octubre de 2003 fue derrocado por una turba que aterrorizaba al país mediante un cerco y bloqueo, principalmente a La Paz, sede de gobierno.
Hoy, después de 23 años, permanece exiliado en Estados Unidos.
Los tres presidentes tomaron decisiones responsables en momentos de crisis, por las que pagaron un precio personal inmenso. Los tres fueron apartados de la vida pública y sometidos al ostracismo político, al exilio o a la prisión.
A veces, la historia puede ser poco generosa con quienes asumen las decisiones más difíciles cuando sus países atraviesan momentos excepcionales.
Es posible que el temor al alto costo político asociado con esos ejemplos, y particularmente con el de Sánchez de Lozada en 2003, hubiera provocado la negativa del actual gobierno a adoptar las medidas que la crisis económica exige, así como a intervenir oportunamente durante los recientes 53 días de bloqueo salvaje y la veintena de muertos que sufrió la ciudad de La Paz.
La gran pregunta es si un gobernante debe privilegiar su futuro político o el futuro de su país.
Mientras la elección de Keiko Fujimori representa la reivindicación política de Alberto Fujimori, a quien se le atribuye haber derrotado a Sendero Luminoso, consolidado la paz interna y creado las condiciones de estabilidad económica y crecimiento posteriores, Bolivia observa también con atención a Rodrigo Paz.
Solo el tiempo dirá si ambos nuevos gobernantes estarán dispuestos a asumir el costo personal que, muchas veces, exige gobernar para salvar a un país.
*Es catedrático; fue alcalde de La Paz y ministro de Estado en cinco diferentes carteras.