La reciente e insólita invitación del presidente Rodrigo Paz a su vicepresidente, Edmundo Lara, para reunirse subrepticiamente en un sauna, denunciada públicamente por este último tras los recados de un oscuro emisario ministerial, no constituye un simple desplante institucional; es un refinado retorno a la época del Imperio romano. ¿Para qué debatir leyes en la Asamblea si se pueden limar asperezas, al igual que los pies con piedra pómez, mientras se desintoxican los poros?
De esa misma manera, este extraño convite nos enseña que la política boliviana va alcanzando finalmente su estado ideal: el gaseoso. Atrás quedaron las aburridas oficinas alfombradas, los micrófonos ocultos en floreros y los solemnes palacios de gobierno, que solo le cuestan dinero al pueblo. La nueva vanguardia estatal propone que los asuntos de máxima trascendencia nacional se resuelvan en toalla, con sandalias y envueltos en una densa nube de vapor de eucalipto.
Ahora bien, para entender el genio detrás de esta propuesta de "gabinete termal", debemos desglosar los indiscutibles beneficios de gobernar a más de 45 grados centígrados. Basta admitir que, en un sauna, es físicamente imposible portar micrófonos ocultos, grabadoras espías o teléfonos celulares. La ropa interior o una toalla graciosamente anudada constituyen la única garantía de que ninguna autoridad esté armada, con refinada inteligencia militar. Se trata de la máxima expresión de la transparencia; es decir, de "gobernar a calzón quitado".
El subcomandante de la nave del Estado, que todavía sufre la cornada de su mejor amigo, asegura que la cita venía acompañada de una condición: dejar de fiscalizar, denunciar y atacar la gestión presidencial. Tiene sentido. Es mucho más difícil mantener un discurso enérgico de lucha contra la corrupción mientras el sudor se escurre por los ojos y la toalla amenaza con aflojarse. El calor ablanda hasta al opositor más férreo.
Sin embargo, el vicepresidente Lara reclama, airado, que le cierran las puertas del gabinete oficial. La solución presidencial resulta brillante: si no hay espacio en la agenda regular, siempre habrá un rincón disponible en el área de vapor del lujoso spa de la Casa del Pueblo, legado por su tan generoso como virtuoso exocupante.
De igual forma, al presidente debe preocuparle que el discurso de su segundo a bordo, previsto para el próximo 6 de agosto en Sucre, resulte demasiado virulento. Por lo tanto, ¿qué mejor manera de enfriar los ánimos que con un choque térmico de agua helada al salir del cubículo de vapor?
De ahí que la propuesta abra un abanico de posibilidades para el futuro de la agenda pública. Pronto veremos decretos supremos impresos en toallas de felpa, ministros designados según su resistencia al calor seco y conferencias de prensa en las que los periodistas deberán ingresar en bata de baño para evitar "filtraciones".
Por ahora, el vicepresidente Lara ha rechazado la oferta, exigiendo hablar "de frente y públicamente". Una lástima. Bolivia perdería la oportunidad histórica de presenciar la primera cumbre de mandatarios en la que las diferencias ideológicas no se disuelvan con diplomacia, sino con unas buenas ramas de eucalipto y un par de litros de agua sobre las piedras calientes.
Entonces, los bolivianos, a quienes tanto nos gusta salir de lo común para entrar en lo ridículo, habremos creado para la diplomacia universal un nuevo arte: las conversaciones en el sauna.