Dios te bendiga

Contra flecha

Contra flecha
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-08-07 08:49:25

«El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios» (Lc 9,62).

En la noche del 29 de julio, en medio de los festejos por el inminente aniversario de San Ignacio de Velasco, al cruzar la avenida Santa Cruz frente a la Catedral, rumbo al mal denominado Palacio Episcopal (pues no tiene nada de palacio), casi me atropella una camioneta policial que había entrado contra flecha. Miré el vehículo que, al llegar al fondo, dio la vuelta y regresó lentamente. Entonces hice ademán a los policías para detener la movilidad. Les dije, suponiendo que iban contra flecha porque la otra calle estaba cerrada: «Por favor, utilicen las luces de sirena, pues casi me chocaron». Grande fue mi sorpresa cuando el oficial, un poco asustado, me respondió: «No sabía que era contra flecha». Explicaron que estaban de visita desde Santa Cruz, por lo que les di la bienvenida. Pero sospecho que, si los roles hubieran sido inversos, no me habría servido la misma excusa.

En todo caso, aquí, en San Ignacio, donde acabamos de celebrar los 278 años desde nuestra fundación como pueblo y Misión Jesuítica, y ahora celebramos junto con toda Bolivia nuestros 201 años de independencia, sabemos qué significa ir contra flecha. Por eso, durante los 53 días de bloqueos protagonizados para revertir el nuevo rumbo del país, no hubo bloqueos en toda la Chiquitania, excepto en San Julián, pueblo que parece poco chiquitano. Los chiquitanos y los ignacianos no queremos ir contra flecha.

Hay algunos que se molestan porque con cierta frecuencia descalifico al socialismo. Se refugian en los caducos discursos sobre el imperialismo frente a la izquierda utópica. Piensan que, como pastor, si me opongo al socialismo, debe ser porque apoyo al capitalismo.

Sepan que el papa León XIII publicó Rerum Novarum en 1891 para afrontar las cuestiones de justicia laboral, defendiendo el derecho de los obreros a asociarse y condenando la explotación de los trabajadores. Pero, en términos muy claros, afirmó que el socialismo no era una solución válida.

«La Rerum novarum, que enumera los errores que provocan el mal social, excluye el socialismo como remedio y expone, precisándola y actualizándola, la doctrina social sobre el trabajo, sobre el derecho de propiedad, sobre el principio de colaboración contrapuesto a la lucha de clases como medio fundamental para el cambio social, sobre el derecho de los débiles, sobre la dignidad de los pobres y sobre las obligaciones de los ricos, sobre el perfeccionamiento de la justicia por la caridad y sobre el derecho a tener asociaciones profesionales» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.º 89).

Si nuestros buenos católicos (incluso muchos sacerdotes) conocieran la Doctrina Social de la Iglesia, quizás no habrían permitido llevar a Bolivia contra flecha durante 20 años, arruinando la economía del país y destruyendo las instituciones de la democracia.

Ahora bien, conviene saber que, cuando se trata del capitalismo, la Iglesia tiene una valoración matizada: «Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios productivos, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de “economía de empresa”, “economía de mercado” o simplemente de “economía libre”. Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una dimensión particular de esta, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa» (Compendio, n.º 335).

En Bolivia, la razón por la que hay tanta migración del interior socialista hacia el oriente capitalista es que los migrantes encuentran un lugar donde el sindicato no les quita su libertad económica y pueden gozar del fruto de su trabajo. Es allí donde cobra sentido lo que rezamos en el ofertorio de la Misa: «Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida».

Uno de los críticos ignorantes (o quizás mentirosos) reaccionó a uno de mis artículos así: «La Iglesia y el modelo económico del Vicariato agroganadero-forestal no convencen tampoco. Es parte de un modelo capitalista extractivista, no amigable con la creación». Además de que la diócesis no es vicariato desde hace 32 años, tampoco somos extractivistas ni forestales. Conservamos una gran cantidad de bosques, arroyos y lagunas, y hemos creado otros. Además de pastores de la Iglesia, somos ganaderos con un modelo de desarrollo sostenible y un producto de gran calidad. Estamos trabajando con la World Wildlife Foundation para convivir con jaguares, pumas, jaguarundíes y toda la fauna y flora nativas del oriente de Bolivia, mientras migrantes del interior y otros continúan quemando la Amazonía sin preocuparse por las consecuencias.

No toda opinión vale lo mismo. Algunas están basadas en mentiras y prejuicios. A otras les falta lógica. La Iglesia tiene una larga historia profundizando su doctrina, mientras perdona toda clase de pecados y soporta persecuciones e ideologías que llevan al mundo contra flecha, con consecuencias trágicas.

Felicidades, querida Bolivia, por tus 201 años de independencia. Vayamos adelante y no contra flecha.

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista