Últimamente la imagen del cruceño ha sido atacada sin piedad por el andinocentrismo, nuevo aliado del wokismo. La región ha quedado retratada como una mantenida del centralismo, y quienes defienden el modelo de desarrollo cruceño han sido pintados como intolerantes e incultos, ajenos a lo intelectual. El célebre escritor español Miguel Delibes, en su novela "El Camino", ya criticaba a los doctos que usan el conocimiento para alimentar su soberbia. Daniel "el Mochuelo", su protagonista y amante de su terruño, rechazaba ese estudio vacío y prefería aplicar sus saberes como productor de queso, oficio que hoy es toda una ciencia útil para los demás. Delibes colocaba por encima del conocimiento inútil, y a veces perverso o tergiversado, la sabiduría práctica del herrero o el agricultor, que beneficia a la comunidad. El conocimiento no es malo: hay que estudiar y leer. Pero si sirve solo para ser funcionario, parásito del Estado, o sostener una narrativa hegemónica, es preferible no tenerlo. El mundo está lleno de grandes "sabios" e “intelectuales” que ha sido muy dañinos para la humanidad.