Editorial

El “buenismo” de occidente

Editorial | | 2026-08-17 07:34:31

Una frase de Elon Musk causó gran polémica a comienzos de 2025: afirmó que «la debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía». La frase, sacada de contexto, lo convirtió en villano. Pero su argumento era otro: el problema no es sentir empatía, sino ejercerla sin límites ni conciencia de sus consecuencias. Musk aclaró que cree en la empatía, pero también hacia la sociedad en su conjunto: una civilización no puede pensar solo en el individuo que tiene delante y olvidar su propia supervivencia.

El profesor Gad Saad desarrolla una idea similar en Empatía suicida: una sociedad puede debilitarse cuando se preocupa tanto por parecer tolerante y abierta que pierde la capacidad de defender sus propias reglas.

Las crisis migratorias en Europa muestran un continente atrapado entre sus valores humanitarios y la necesidad de proteger sus fronteras. El episodio de Ceuta fue revelador: miles de personas llegaron a España en medio de una crisis diplomática con Marruecos. No fue solo una tragedia humanitaria, sino la prueba de que los flujos migratorios pueden usarse como presión política. Marruecos ha empleado la migración como herramienta de negociación, mientras buena parte de Europa parece incapaz de admitir que las fronteras también son instrumentos de poder.

El buenismo convierte cualquier intento de controlar las fronteras en un problema moral. Preguntar cuántas personas puede recibir un país o qué ocurre ante la inmigración ilegal deja de ser un debate de política pública para interpretarse como crueldad. Pero una cosa no tiene que ver con la otra: se puede reconocer el drama de quien huye de la guerra o la pobreza y, al mismo tiempo, defender el derecho de un Estado a decidir quién entra en su territorio. Se puede ser generoso sin ser ingenuo.

La empatía tiene un límite: nos concentra en la persona que tenemos delante y nos hace perder de vista las consecuencias colectivas. El caso individual conmueve; los efectos a largo plazo de una política son mucho más difíciles de visualizar. Por eso la empatía no puede ser el único criterio para gobernar. Una sociedad necesita también leyes, fronteras e instituciones, y necesita poder discutir estas cuestiones sin ser acusada de xenofobia o falta de humanidad.

Europa ha construido una de las sociedades más libres y tolerantes del planeta, y precisamente por eso tiene algo que proteger. La tolerancia no puede volverse tolerancia hacia quienes buscan destruir las reglas que la sostienen. Esto no significa que los inmigrantes sean enemigos ni que la migración sea una amenaza en sí misma. Significa algo más simple: ningún Estado puede funcionar con fronteras inexistentes y capacidad de acogida infinita. La generosidad también necesita orden.

Defender la ley no es ser cruel; defender las fronteras no es odiar al extranjero; exigir integración no es discriminar. También existe una forma de empatía hacia el conjunto de la sociedad. El problema del buenismo no es tener demasiado corazón, sino pretender gobernar solo con él.

Occidente no necesita menos humanidad, sino recuperar el equilibrio entre compasión y sentido común, porque la vergüenza de defender las propias reglas puede convertirse en la mayor debilidad de una sociedad.