El ataque armado contra la activista Nadia Beller no puede archivarse como un episodio menor ni disolverse en la hipótesis cómoda del "lío amoroso". Dos sicarios, vestidos de repartidores, dispararon tres veces a un metro de distancia y apenas la rozaron: esa desproporción entre la letalidad del método y el resultado obtenido exige explicaciones, no resignación. La detención de Fernando Cerimedo, asesor cercano al presidente Rodrigo Paz y con algunos vínculos con el entorno familiar del mandatario—, coloca el caso en un terreno que trasciende lo policial. No se trata de cualquier ciudadano: es alguien con acceso directo al poder, señalado por la propia víctima como su expareja. Que la Policía maneje la hipótesis sentimental no exime al Estado de investigar con rigor si existieron motivaciones políticas o de otra índole. Bolivia no puede permitirse tratar este hecho con la liviandad de un chisme de faranduleo político. La ciudadanía merece una investigación transparente, sin protección de apellidos ni cargos, que esclarezca quién ordenó el ataque y por qué.