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El ningunismo político como respuesta a la decadencia política

El ningunismo político como respuesta a la decadencia política
Javier Medrano | Periodista columnista
| 2026-08-27 07:43:51

De acuerdo con una encuesta realizada en Argentina por la Unidad de Creencias Sociales 2026 de Pulsar de la UBA (Universidad de Buenos Aires), el “ningunismo político” alcanzaría al 42% de los argentinos. Este grupo social, además, rechaza de manera directa cualquier tipo de identificación con algún partido político.

Este fenómeno ya viene siendo observado en otros países y, por supuesto, Bolivia no escapa a esta tendencia. El aumento del desinterés político por parte de los jóvenes es muy evidente y su rechazo a militar en un partido político resulta bastante preocupante. Y lo es porque el ejercicio de la buena política es fundamental para la democracia. Sus bases se fundamentan, precisamente, en la participación política activa de todos los actores sociales posibles, en aras de fortalecer las instituciones, la gestión pública y el desarrollo de agendas que beneficien a la mayoría de la población.

Sin un ejercicio amplio y maduro de la política en una sociedad, se pavimenta el camino para que los totalitaristas o autócratas llenen esos vacíos y se aferren al poder, en desmedro del bien común y el bienestar social.

Por lo tanto, los resultados de dicho estudio deben ser tomados con la debida preocupación y deberían llevar a revisar el actual accionar de los escasísimos cuadros políticos —actualmente casi inexistentes—, con el objetivo de incorporar nuevas generaciones al ejercicio de la política bajo un enfoque profesional. Para ello, se deberán diseñar capacitaciones sobre el ejercicio de la política como tal, las orientaciones legales y normativas actuales, el nuevo rol de los políticos y sus desafíos frente a esta tendencia del ningunismo partidario y, finalmente, las políticas públicas frente a la inteligencia artificial.

Este escenario crítico de las estructuras político-partidarias se agrava con el porcentaje del 63% que publica el estudio, según el cual los jóvenes tienen “poco o nada” de interés por la política o por ejercerla desde cualquier ámbito.

Este crecimiento de una masa enorme de ciudadanos sin ninguna filiación partidaria connota un alejamiento transversal que abarca diversos géneros, rangos etarios y niveles educativos.

Estos “ningunistas” se miran a sí mismos desde el centro de la política, lo que no significa, de ninguna manera, una especie de moderación política. Más bien, se ubican en una especie de zona de refugio para autodefenderse o autoprotegerse de tendencias extremistas, con las que los jóvenes no mantienen ningún lazo.

Pero, además, el estudio es más revelador cuando sostiene que la confianza en los políticos es paupérrima. Los jóvenes no están polarizados y mantienen de manera activa vínculos afectivos y comunitarios con su entorno inmediato. Ejercen la política de una manera sui géneris.

Por otro lado, las conductas que involucran corrupción presentan una desaprobación casi absoluta. Cruzar semáforos en rojo, por ejemplo, es rechazado por los jóvenes y forma parte de los factores que explican su alejamiento del ejercicio político-partidario.

Otro factor crítico es la precariedad económica de los jóvenes. El acceso casi nulo a una vivienda social, los empleos de baja calidad, las dificultades para emanciparse y la mirada pesimista sobre el futuro inmediato configuran un escenario complejo. Nuestra juventud enfrenta una serie de obstáculos para desarrollar su vida personal e, incluso, alcanzar su crecimiento profesional. Se sienten postergados por políticos y gobiernos completamente alejados de los jóvenes, a quienes solo buscan en momentos electorales.

El llamado es diáfano: cuidar la democracia, proteger la vida, respetar las reglas de juego y honrar los contrapesos institucionales implica defender aquello que permite que las diferencias no deriven en violencia y que el poder no se vuelva absoluto. Precisamente, estos son algunos de los factores que golpean y alejan a los jóvenes de la política.

Las preguntas profundas que nos plantean son: ¿cuál es el valor real de vivir bajo una democracia? ¿Cuál es el beneficio que, como joven, recibo de la democracia? ¿Y por qué debería confiar en los políticos si siempre nos mienten y engañan?

Mientras tanto, el ninguneo hacia el ejercicio de la política seguirá siendo la tónica de una gran mayoría de los bolivianos que son, por si acaso, jóvenes.

Javier Medrano | Periodista columnista