Tribuna

Volviendo al futuro con el presidente Paz

Volviendo al futuro con el presidente Paz
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
| 2026-08-28 07:32:46

Mis queridos lectores: durante el último mes me ausenté de esta columna por vacaciones. Apenas seguí las noticias nacionales y mundiales. Mi mente necesitaba más descanso que mi cuerpo. Hace pocos días aterricé —física y mentalmente— y bastó abrir los periódicos para comprobar que, en Bolivia, la realidad no se había tomado vacaciones.

El caso Beller-Cerimedo provoca una mezcla demasiado conocida: pena, rabia e impotencia. Pero conocemos el libreto: investigación, titulares, declaraciones, paso del tiempo, olvido y, probablemente, nada. El Presidente trató de dejar que pasara la tormenta, pero recién se pronunció, aparentemente por presiones políticas de los otros partidos: una vergüenza. Sin embargo, sus declaraciones parecen contradecir las evidencias —fotos— y los chats, que habría que validar. Pero, si resultan validados, estamos ante un Presidente que, por decir lo menos, tolera y encubre, como pasó con Evo y Tilín. Ya no sería una vergüenza: sería inaceptable. Se esperaba —yo no— que este Gobierno rompiera ciertas prácticas heredadas del MAS. Ahí está también el caso de las maletas, con la principal investigada liberada, entre otros episodios recientes.

El caso del exministro Espinoza tampoco ayuda: «Me voy con la tranquilidad de haber dado todo mi esfuerzo». Ese esfuerzo no fue suficiente; no dio la talla. A los ministros se los debe evaluar por sus resultados, pero, como no hay ni siquiera un plan de gobierno en el que él debería haber sido protagonista, todo queda a la deriva y no existen objetivos claros. Ahora se reporta que el nuevo ministro tiene el encargo del Presidente de conseguir y asegurar más créditos externos para frenar la crisis. Enfática y demagógicamente, el Presidente, durante la campaña, dijo que no iba a contratar deuda, que había «plata» en el país; todo era mentira y él lo sabía. Evo y Tilín se farrearon las reservas; Paz nos llenará de deuda.

¿Y qué está haciendo el Gobierno para «sanear» la economía, aumentar la productividad, exportar más, reducir el gasto público y poner coto a la corrupción? A este Gobierno se lo ha elegido para solucionar los problemas del país o, por lo menos, para encaminarlos; no para postergarlos y, con ello, sumirnos en una mayor crisis y más pobreza. Parece que la consigna es: «Que se las arregle el próximo Gobierno», nuevamente, tal como hicieron Evo y Tilín. Pero lo grave es que cada vez las consecuencias son peores, porque se acaban los recursos y aumenta la deuda.

Ahora piensan abrogar —aunque hay posiciones divididas en el Ejecutivo— el D.S. 5676, que sube el precio del diésel, porque generó y generaría más conflictos. Sí, es verdad: tendrá efectos sobre los costos y los precios, pero es inevitable. Durante décadas, gracias a Evo y Tilín, a pura demagogia y recursos abundantes, vivimos en Alicia en el país de las maravillas, con combustibles baratos y altamente subvencionados, lo que constituye una de las causas que nos llevó a donde estamos.

Ahora que destrozaron la economía, no queda otra que pisar tierra. Es tarea y responsabilidad de este Gobierno, y de toda la población —incluidos gobernadores, alcaldes y dirigentes de gremios empresariales—, afrontar estos desafíos de la mejor manera posible, por más dolorosos que sean. Pero este Gobierno perdió credibilidad y no hay liderazgo, o no tiene la valentía de ejercerlo; todo se hace por la vía fácil y no hay claridad.

Finalmente, el mandatario anunció —para variar— que se está trabajando para manejar la economía, estabilizar el dólar y devolver la independencia al Banco Central de Bolivia (BCB). ¿Están reinventando la pólvora? Han pasado casi nueve meses. Todos saben lo que se tiene que hacer y el país ya lo hizo anteriormente. Reduzcan el déficit fiscal. Para cortar el cordón umbilical entre el Gobierno y el Banco Central, pueden fotocopiar el decreto de hace más de veinte años y poco más. Lo que no hay es la valentía de cortar el gasto público para dejar de depender del financiamiento del Banco Central.

También resulta incomprensible que no conozcamos públicamente el plan de trabajo del recientemente designado embajador boliviano en Paraguay, ¡ni el de ningún otro embajador! Bolivia necesita desesperadamente inversión extranjera, nuevos mercados y más exportaciones. Decir que un embajador buscará «atraer inversiones» y «ampliar mercados» no es un plan: es simplemente describir su trabajo.

Un verdadero plan debe contener objetivos, actividades, plazos y metas verificables. ¿Cuánta inversión buscará atraer? ¿Qué productos promoverá? ¿En qué plazo? ¿Enviamos a Paraguay a un embajador con una misión o estamos pagando una factura política de campaña? ¿Se está haciendo o se hará lo mismo con otros embajadores? ¿Qué hacen los embajadores masistas que tienen otra agenda y que no saben el «ABC» de la economía y las exportaciones? ¡Qué manera de perder tiempo, oportunidades y recursos! Mientras tanto, nuestros vecinos y el mundo avanzan.

Volví de vacaciones esperando alguna buena nueva. Encontré, en cambio, a un Presidente demasiado ausente cuando debería dar la cara y enviar señales inequívocas de transparencia; a un Presidente perdido y confundido, débil, con una merma significativa en su credibilidad y sin el coraje necesario para «agarrar al toro por las astas».

¿Hasta cuándo?

Oscar Antezana Malpartida | Columnista