Editorial

El único problema

Rodrigo Paz tiene hoy un solo problema. Uno. Nada más que uno: el diésel. Y si logra resolverlo, será el rey de Bolivia. Será el héroe. Así de simple. El país ha sido extraordinariamente generoso con él...

Editorial | | 2026-09-03 02:09:38

Rodrigo Paz tiene hoy un solo problema. Uno. Nada más que uno: el diésel. Y si logra resolverlo, será el rey de Bolivia. Será el héroe. Así de simple. El país ha sido extraordinariamente generoso con él. La gente le puede perdonar la corrupción, la ineficiencia, los discursos, los errores y prácticamente cualquier cosa. Pero hay una condición: que haya diésel.

Hoy la ciudadanía parece decirle al Gobierno: “No hagas nada más, pero resolvenos este problema”. Y lo más extraordinario es que ni siquiera Rodrigo Paz tendría que resolverlo personalmente. Le están ofreciendo resolverlo.

Las gobernaciones quieren participar. Los privados están dispuestos a importar. Los empresarios, los productores y los gremiales tienen propuestas. Todos le están diciendo prácticamente lo mismo: déjenos traer diésel y nosotros solucionamos el problema.

Bastaría un plumazo. Permitir la libre importación, reducir al máximo los trámites, eliminar la burocracia y liberar temporalmente de impuestos y cargas que encarecen el combustible. Libre importación, menos obstáculos, menos Estado. Con una decisión política, Bolivia podría comenzar a inundarse de diésel a precios competitivos.

Y, además, el Gobierno tendría otra ventaja: podría dejar de gastar enormes cantidades de dinero en subsidiar el combustible y liberar esos recursos para otras necesidades del país. ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué Rodrigo Paz no quiere resolver el problema del diésel?

Porque no quiere soltar el negocio. Detrás del monopolio estatal de los combustibles existe una enorme estructura económica y de poder. YPFB no solamente controla el abastecimiento: controla contratos, importaciones, intermediaciones y miles de millones de bolivianos. Alrededor de ese sistema existen permanentes denuncias, sospechas y cuestionamientos sobre intereses que se benefician del control estatal. Y mientras exista monopolio, existe poder.

Rodrigo Paz podría solucionar el problema mañana. Pero permitir que los privados, las regiones, los empresarios y los gremiales lo hagan sería reconocer algo políticamente devastador para el modelo estatista: que el Estado no es necesario para resolverlo.

Al día siguiente la gente comenzaría a preguntarse: ¿para qué sirve este enorme Estado centralista si los privados pueden hacer mejor lo que el Gobierno no puede hacer?

Si el sector privado importa diésel y abastece Bolivia, se derrumba el mito de que el Estado es indispensable, se cae la idea de que el Estado puede resolver con mayor eficiencia los problemas que la sociedad y la iniciativa privada.

Quedaría expuesta la verdad que muchos no quieren admitir: que el Estado sólo sirve para controlar, burocratizar, cobrar, extorsionar y concentrar poder, pero no necesariamente para solucionar.

Por eso el diésel se ha convertido en una prueba decisiva para Rodrigo Paz. Tiene la solución en sus manos. La población le está dando una oportunidad. Los privados se ofrecen a resolverle el problema. Las regiones están dispuestas a colaborar. Pero él no quiere aflojar.

Si libera el diésel, pierde el monopolio. Y si pierde el monopolio, pierde poder. Y podría ocurrir la gran paradoja: Rodrigo Paz podría terminar perdiendo el Gobierno precisamente por negarse a resolver el único problema que hoy realmente podría destruirlo. El diésel.