
Singapur se consolidó como la economía más competitiva del planeta en 2026, según el Ranking Mundial de Competitividad elaborado por el IMD (International Institute for Management Development). La ciudad-estado asiática obtuvo un puntaje normalizado de 100 puntos, desplazando a Suiza del primer lugar que ocupaba en la edición anterior y confirmando su posición como referencia global en materia de eficiencia económica e institucional.
El segundo lugar quedó en manos de Hong Kong, con 95.6 puntos, seguido de cerca por Suiza, que registró 95.3 puntos. Taiwán se ubicó en el cuarto puesto con 94.3 puntos, mientras que Dinamarca, Irlanda y los Emiratos Árabes Unidos empataron con 94.1 puntos cada uno, ocupando de manera conjunta los lugares quinto al séptimo.
El informe, que este año evaluó a 70 economías, destacó que Singapur fue el único país que logró posicionarse entre los cinco primeros lugares en las cuatro categorías que componen el análisis del IMD. Su avance en eficiencia empresarial, área en la que ahora lidera a nivel mundial, fue determinante para que recuperara el primer puesto general que había perdido frente a Suiza.
La metodología del IMD se basa en 341 criterios distribuidos en 20 subfactores, agrupados en cuatro grandes pilares: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura. Dos tercios de la puntuación final provienen de datos duros y estadísticas oficiales, mientras que el tercio restante se construye a partir de una encuesta de opinión aplicada a ejecutivos y líderes empresariales.
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que el tamaño de una economía no garantiza una alta competitividad. Estados Unidos, la mayor economía del mundo en términos absolutos, apenas alcanzó la décima posición del ranking, con 86.8 puntos, por detrás de países considerablemente más pequeños como Suecia (88.5) y Países Bajos (90.1).
Completan la lista de los diez primeros lugares Qatar, en el puesto 11 con 85.9 puntos; China, en el 12 con 84.4; Arabia Saudita, en el 13 con 84.0; Luxemburgo, en el 14 con 82.1; y Malasia, en el 15 con 81.9 puntos, según el listado extendido publicado por el IMD.
Europa y Asia dominan de manera contundente la parte alta de la tabla: entre ambas regiones concentran nueve de los diez primeros lugares. Según el reporte, las economías mejor posicionadas comparten rasgos comunes, como sectores empresariales productivos, infraestructura sofisticada, fuerza laboral calificada e instituciones que otorgan previsibilidad a la inversión y al comercio.
La edición 2026 del informe puso un énfasis particular en la credibilidad institucional y el respeto al Estado de derecho como factores diferenciadores. De acuerdo con el IMD, la existencia de marcos regulatorios predecibles, contratos con capacidad de cumplimiento efectivo y gobiernos eficientes permite que las empresas realicen inversiones de largo plazo incluso en un contexto de incertidumbre geopolítica global.
La capacidad de innovación también fue señalada como un factor decisivo. Varias de las economías mejor posicionadas albergan o mantienen vínculos estrechos con los principales clústeres de innovación del mundo, lo que les permite comercializar tecnología con mayor rapidez, atraer talento especializado y elevar sus niveles de productividad.
No obstante, el propio informe advierte que no existe una fórmula única para alcanzar la competitividad. Los casos de los Emiratos Árabes Unidos, en el séptimo puesto, y de Estados Unidos, en el décimo, demuestran que entornos de negocios altamente competitivos pueden surgir de modelos económicos y políticos muy distintos entre sí.
Entre las novedades de esta edición, el IMD incorporó por primera vez a Vietnam dentro de su ranking de 70 economías, ampliando así el alcance geográfico del estudio y su capacidad para capturar tendencias emergentes en el sudeste asiático.
Con esta nueva edición, el IMD reafirma que la competitividad económica global continúa reconfigurándose en torno a Asia y Europa, en un escenario donde la eficiencia institucional, la innovación y la estabilidad regulatoria pesan cada vez más que el simple tamaño del mercado interno de cada país.