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El temido “octubre negro”

El temido “octubre negro”
Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta - Comunicador social | Comunicador social
| 2026-09-03 02:06:51

Estamos en cuenta regresiva hacia octubre, considerado por muchos como uno de los meses más convulsos de la historia reciente de Bolivia: el temido “octubre negro”. A lo largo de las últimas décadas, este mes ha estado marcado por acontecimientos violentos y crisis políticas que cambiaron el rumbo del país.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en octubre de 2003, durante la denominada Guerra del Gas. La población rechazó el proyecto de exportar gas boliviano a Estados Unidos a través de puertos chilenos. La negativa del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a retroceder provocó una escalada de conflictos y violentos enfrentamientos que terminaron con su renuncia y salida del país.

Otro octubre decisivo fue el de 2019. Las denuncias de fraude electoral desencadenaron una profunda crisis política y social, con movilizaciones, enfrentamientos y represión. Finalmente, Evo Morales renunció a la Presidencia después de casi 14 años en el poder.

También octubre dejó una herida en la memoria nacional en 2018, cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ) falló a favor de Chile en la demanda presentada por Bolivia para buscar una negociación que permitiera recuperar una salida soberana al océano Pacífico.

Hoy existe nuevamente preocupación. Algunos sectores temen que la actual crisis política, social y económica pueda desembocar en nuevas jornadas de violencia e incluso en pedidos de renuncia del presidente Rodrigo Paz Pereira, quien lleva menos de un año en el Gobierno.

La situación no es sencilla. Persisten problemas económicos, dificultades en el abastecimiento de carburantes y dólares, además del incremento constante de los precios de los productos de la canasta familiar. A ello se suman denuncias y escándalos que han golpeado la imagen del Gobierno, entre ellos las acusaciones relacionadas con corrupción y el denominado caso Fernando Cerimedo-Nadia Beller.

Todo ello constituye una peligrosa acumulación de tensiones. Una verdadera bomba de tiempo que podría explotar durante los próximos meses si el Gobierno no logra recuperar la iniciativa y ofrecer respuestas concretas. Con estado de excepción o sin él, una nueva escalada de violencia sería perjudicial para la democracia boliviana.

El Gobierno nacional debe tomar decisiones acordes con la gravedad de la coyuntura, incluso si algunas resultan impopulares. Rodrigo Paz no llegó al poder para preservar su popularidad, sino para gobernar, ejercer autoridad y encontrar soluciones reales, especialmente frente a la crisis económica.

El presidente atraviesa probablemente su momento más difícil desde que asumió el mando. Parte de su credibilidad se ha deteriorado porque varias de las promesas realizadas durante la campaña todavía no se han cumplido. En algunos casos, las medidas adoptadas por el Ejecutivo tuvieron que ser modificadas o retiradas ante la presión política y social, proyectando una imagen de debilidad.

Otro aspecto cuestionado ha sido el caso Cerimedo-Beller y las denuncias sobre una supuesta influencia extranjera en decisiones gubernamentales. Más allá de lo que determinen las investigaciones, el episodio ha generado preocupación sobre la capacidad del Gobierno para preservar plenamente la soberanía en la toma de decisiones.

También resulta evidente la falta de una amplia articulación política. Rodrigo Paz no logró construir acuerdos sólidos con otras fuerzas como LIBRE, UN y SUMATE, que podrían haber contribuido a una mayor gobernabilidad parlamentaria.

Con mayor habilidad negociadora, el Presidente podría haber impulsado desde el inicio un gran acuerdo nacional para discutir reformas estructurales, incluyendo cambios institucionales y un nuevo modelo económico que supere las deficiencias acumuladas durante las últimas dos décadas.

Es evidente que nueve meses no bastan para transformar un sistema construido durante veinte años. Sin embargo, a estas alturas, los bolivianos deberían comenzar a percibir señales claras de cambio. Octubre todavía no ha llegado, pero la historia enseña que Bolivia no puede seguir ignorando las señales de una crisis que continúa acumulando tensión.

Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta - Comunicador social | Comunicador social