Tribuna

La peligrosa fatiga social

La peligrosa fatiga social
Javier Medrano | Periodista columnista
| 2026-09-03 02:07:58

La fatiga social no es nueva, pero no por eso es menos peligrosa. Más bien, en estos momentos de caos sistémico en Bolivia, es muy peligrosa. Y lo es por la acumulación de una rabia contenida ante la cada vez mayor crisis económica, la cada vez mayor crisis política y el cada vez mayor cabreo social. En todos los sentidos. Desde los aspectos mundanos, que también están siendo afectados porque lo ordinario se está convirtiendo en extraordinario, hasta los más sublimes, como el arte y la cultura, que también se ven impactados por una crisis económica descomunal.

El boliviano ha vivido demasiadas veces todos estos escenarios caóticos durante las últimas tres décadas, y el peligro de este contexto actual radica en el hecho de que una sociedad cansada —incluso diría exhausta y decepcionada— suele salir del lugar donde está por cualquier puerta, después de romper la vajilla y los vasos puestos sobre la mesa.

La gente valora menos la democracia que hace diez años, desconfía de las instituciones políticas, de los presidentes, de los congresos, de los partidos y de cualquier instancia de poder. Todo está en la misma olla desportillada y ennegrecida por los fuegos sobre carbón de tantas crisis sociales, políticas y económicas.

Hay una crisis en la representación política que afecta a los partidos políticos en tres dimensiones: han perdido su identidad —y, como consecuencia de ello, la gente no se identifica con ellos—, han sido capturados por individuos y se han fragmentado al máximo.

Y las consecuencias son un cabreo que se ha convertido en la tónica diaria, mientras el límite está a punto de ser cruzado —una vez más— en busca de una solución in extremis. La impotencia de todos los bolivianos es generalizada. Ya no importa cuáles, ni siquiera quiénes o cómo: lo único que importa es que alguien venga y ordene este desmadre. El gran peligro es que aquella persona o caudillo —somos caudillistas desde siempre y esperamos las grandes soluciones bajadas del cielo— vendrá con una carga autoritaria muy fuerte. Y eso lo hace muy peligroso, porque puede imprimir una conducta ilegal, inmoral y, obviamente, inconstitucional.

Las encuestas, por su parte, sostienen que los jóvenes están muy abiertos a un gobierno autoritario porque ven su futuro inmediato precarizado, a sus familias sumidas en una crisis de sobrevivencia económica y a los políticos como una suerte de fulanos que solo buscan su beneficio propio por medio de corruptelas.

Las personas cansadas mantienen, de alguna manera, una pequeña dosis de energía. Una reserva mínima que recupera su energía por momentos, pero luego retorna al límite. Su cansancio es, en cierta forma, temporal. Muy por el contrario, los fatigados ya han agotado por completo sus reservas y están imposibilitados de reaccionar o de mantener un cierto esfuerzo prolongado en un lapso breve de tiempo. Solo les queda la bronca. La rabia contenida. Y son ampliamente susceptibles de manipulación para fines muy peligrosos, en busca de una redención.

Los fatigados no recuperan sus energías positivas solo con un descanso. El cansancio, sí. Entonces, el peligro real reside en el hecho de que esta fatiga ya está afectando a la sociedad en su conjunto. Los fatigados ya forman parte de colectivos masivos y sectoriales, y los unen la rabia y la frustración. Por lo tanto, el Gobierno debería estar muy consciente de las gravísimas consecuencias sociales, políticas y democráticas de esta fatiga crónica.

Las sociedades exhaustas y decepcionadas suelen salir del lugar donde están por cualquier puerta. Y esa salida no siempre es dialogada. Por lo tanto, la clave de bóveda del instante que vive nuestra sociedad fatigada consiste, precisamente, en no agregar un nuevo conflicto político o económico innecesario. Reitero: ¡innecesario! Y más aún cuando todas las políticas públicas que se aprueban no son aceptadas, ni respetadas y muchísimo menos compartidas. Este hastío, esta posible derrota psicológica de la sociedad, puede dar al traste con todos los esfuerzos económicos y políticos que se están activando. ¡Todos!

El clima de frustración sobre el que cabalga este fenómeno en Bolivia es muy profundo y peligroso. Y no tomar con seriedad esta fatiga de la sociedad es jugar con un sismo político gigante, cuyos resultados pueden ser catastróficos para todos los bolivianos.

Javier Medrano | Periodista columnista