Editorial

La (no tan) nueva Venezuela

Venezuela tiene una oportunidad histórica para pasar de la miseria al esplendor en tiempo récord, y depende de los venezolanos no repetir un error demasiado común en América Latina...

Editorial | | 2026-09-05 08:47:11

Venezuela tiene una oportunidad histórica para pasar de la miseria al esplendor en tiempo récord, y depende de los venezolanos no repetir un error demasiado común en América Latina. El acuerdo petrolero con Estados Unidos, con una inversión proyectada de 100.000 millones de dólares, abre la posibilidad de reescribir el destino de un país que alguna vez fue el más próspero del continente y terminó protagonizando su mayor crisis humanitaria.

Conviene entusiasmarse con cautela, pues los latinoamericanos somos especialistas en volver sobre nuestros propios errores. Nuestra historia está marcada por un péndulo trágico entre el progreso que genera el libre mercado y la ruina que trae el estatismo radical. El acuerdo actual, tan criticado por el izquierdismo mundial, responde precisamente a la destrucción provocada por un modelo que usó el petróleo para sostener élites cleptómanas y asesinas.

Quienes hoy critican el pacto olvidan que la prosperidad de la que se apropió el chavismo fue construida por petroleras estadounidenses, que convirtieron a Venezuela en el mayor exportador de crudo del planeta a mediados del siglo XX. No fue un accidente ni un regalo, sino el resultado de décadas de inversión sostenida: la misma fórmula que hoy impulsa a Guyana o consolidó a Arabia Saudita como potencia energética.

Los sectores dogmáticos que hoy denuncian la presencia de capital privado son los mismos que guardaron silencio cómplice mientras la dictadura usaba la renta petrolera para financiar persecución, tortura y encarcelamiento de disidentes. Serán ellos quienes, en el futuro, intenten de nuevo apoderarse de esa riqueza bajo el pretexto de la "redistribución".

El chavismo desmanteló PDVSA en nombre de la soberanía, expulsó a 18.000 técnicos calificados y entregó el control a operadores de lealtad ideológica. Ni 60 mil millones de dólares en créditos chinos lograron sostener una industria descapitalizada por la corrupción. La producción cayó de más de tres millones de barriles diarios a 700 mil. Bajo las banderas de la soberanía y el "socialismo del siglo XXI", el régimen expropió, persiguió al talento técnico y entregó la riqueza nacional a capitales estatales chinos y rusos. Algo similar hizo el masismo en Bolivia, que convirtió a una potencia gasífera regional en un país amenazado por el apagón.

La retórica antiimperialista no produce un solo barril de petróleo ni genera empleo real. Se necesita certidumbre jurídica, respeto a la propiedad privada y capital internacional para reconstruir lo que la demagogia destruyó.

Los recursos naturales en manos de un Estado omnipotente conducen a la tiranía y la miseria; en manos de un mercado libre, con instituciones transparentes y Estado de derecho, son la clave de la prosperidad. Dependerá de los venezolanos proteger esta oportunidad y exigir que su riqueza energética nunca vuelva a caer en manos de autócratas. El verdadero riesgo no es que regrese el capital privado, sino que alguien vuelva a apropiarse de esa riqueza en nombre de la redistribución y repita el ciclo.

El acuerdo petrolero de 100.000 millones de dólares con EE.UU. abre a Venezuela la oportunidad de reconstruir lo que el chavismo destruyó. El reto histórico: no dejar que la demagogia vuelva a apropiarse de la riqueza energética en nombre de la redistribución.