Editorial

La hora de América Latina

Tal vez a América Latina le ha llegado la hora. Después de dos siglos de independencia, el continente sigue buscando el rumbo que perdió después de las guerras...

Editorial | | 2026-09-08 00:36:38

Tal vez a América Latina le ha llegado la hora. Después de dos siglos de independencia, el continente sigue buscando el rumbo que perdió después de las guerras emancipadoras del siglo XIX. No encontró el desarrollo que prometieron sus libertadores, tampoco consolidó una identidad propia y, peor aún, muchas veces terminó renegando de su pasado, de sus raíces y de la civilización occidental que, con todas sus contradicciones, forma parte esencial de su historia.

La llegada de Donald Trump al poder y su manera directa, abierta y poco diplomática de ejercer la política exterior puede estar provocando un cambio que América Latina necesita. La gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú es una señal evidente: Washington quiere recuperar presencia en un continente que durante las últimas dos décadas dejó avanzar la influencia de China, Rusia e Irán, mientras Cuba intentaba mantener una suerte de tutela ideológica sobre buena parte de la izquierda latinoamericana.

El resultado de aquel experimento no ha sido precisamente extraordinario. China se convirtió en un gigantesco socio comercial y financiero, sin producir una transformación de nuestras economías. Rusia ofreció cooperación militar y política, pero no desarrollo. Irán extendió sus vínculos estratégicos, mientras Cuba exportó durante décadas un modelo político que terminó demostrando su incapacidad para generar prosperidad. América Latina recibió discursos sobre soberanía, imperialismo y revolución, pero siguió atrapada en pobreza, corrupción e instituciones débiles.

Ahora aparece una alternativa diferente: una alianza seria con Estados Unidos y con las democracias occidentales, basada en intereses concretos. Seguridad, comercio, inversión, tecnología, educación, infraestructura y lucha contra el narcotráfico pueden convertirse en instrumentos de transformación si los gobiernos comprenden que asociarse con las economías más desarrolladas del planeta no significa perder soberanía.

La experiencia internacional ofrece ejemplos contundentes. Japón, Alemania, Corea del Sur y Singapur construyeron sociedades prósperas, modernas y tecnológicamente avanzadas mediante una apertura económica y estrechos vínculos con Estados Unidos y Occidente. Arabia Saudita transformó aceleradamente su economía mediante alianzas internacionales e inversiones de enorme magnitud. Ninguno de esos países llegó al desarrollo abrazando el aislamiento.

La cuestión venezolana también resulta decisiva. La presión estadounidense sobre el régimen de Nicolás Maduro ha demostrado que Washington vuelve a considerar a América Latina un espacio estratégico. El futuro de Venezuela puede convertirse en una pieza fundamental de un nuevo equilibrio regional y, si el cambio político finalmente se produce, abrir una enorme oportunidad para reconstruir una economía destruida y reintegrarla al mundo.

La visita de Rubio a los Andes debería ser observada, por tanto, mucho más allá de sus reuniones protocolares. Puede representar el comienzo de una nueva etapa. Colombia, Ecuador y Perú podrían convertirse en los primeros eslabones de una red continental basada en seguridad, comercio y cooperación.

América Latina no necesita otro amo. Necesita, finalmente, aliados. Y quizá, después de dos siglos de búsquedas, haya llegado la hora de elegir el camino que conduce al desarrollo.