Editorial

Cuidado con el efecto rebote

El mundo vive un nuevo auge de la derecha conservadora, los gobiernos liberales y las propuestas libertarias. Es la reacción de sociedades cansadas de intervencionismo...

Editorial | | 2026-09-09 07:54:45

El mundo vive un nuevo auge de la derecha conservadora, los gobiernos liberales y las propuestas libertarias. Es la reacción de sociedades cansadas de intervencionismo, gasto público descontrolado, impuestos elevados, inseguridad, crisis migratorias y Estados de bienestar incapaces de sostener sus promesas. El fracaso de Venezuela y Cuba, el desgaste de la izquierda europea y el malestar en países socialdemócratas explican el viraje.

Pero cuidado con el efecto rebote. La historia económica reciente debería servir de advertencia. Algo parecido ocurrió en los años ochenta: la caída del Muro de Berlín desprestigió al socialismo, un modelo que durante décadas prometió igualdad y prosperidad, pero terminó exhibiendo ineficiencia, falta de libertades y fracaso económico. En Occidente triunfó entonces el entusiasmo por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y las ideas de mercado. El Consenso de Washington extendió la receta de disciplina fiscal, apertura económica, privatizaciones y reducción del tamaño del Estado. América Latina se sumó con entusiasmo: Carlos Menem en Argentina, Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia y Fernando Collor de Mello en Brasil representaron aquella ola reformista.

Pero el proceso quedó incompleto. Y ahí comenzó el problema. Cuando las reformas no producen resultados suficientemente rápidos, el sacrificio se reparte entre todos pero los beneficios quedan concentrados en unos pocos y el Estado simplemente cambia de manos, aparece el desencanto, y con él, la desconfianza en el propio sistema. El resultado fue el efecto rebote: lo que se presentó como capitalismo terminó cargando la culpa de crisis y desigualdades que en realidad delataban reformas a medias, y millones de personas volvieron a escuchar los cantos de sirena del socialismo.

Los gobiernos libertarios y liberales de hoy tienen una oportunidad histórica, pero también una enorme responsabilidad. No basta con ajustar el gasto, eliminar subsidios o reducir impuestos: las reformas deben ser profundas, coherentes y sostenibles. Deben crear instituciones sólidas, seguridad jurídica, competencia real, mercados abiertos, empleo productivo y un Estado más pequeño, pero también más eficiente y capaz de cumplir sus funciones esenciales.

Si la libertad económica termina identificándose con desempleo, desigualdad, privilegios para unos pocos o sacrificios interminables para las mayorías, el péndulo volverá a moverse. Y esta vez el efecto rebote puede ser todavía más fuerte. En Bolivia lo estamos viendo con dramática nitidez: ante la ineficacia del gobierno de Rodrigo Paz, hoy se vuelve a hablar del retorno del MAS como propuesta de salvación.

No basta con ganarle elecciones al socialismo; hay que construir un modelo que funcione y perdure. Si las reformas llegan hasta el fondo y producen prosperidad, oportunidades y movilidad social, el socialismo perderá su principal argumento. Pero si se quedan a mitad de camino, sus adversarios volverán a presentarse como los salvadores de una sociedad decepcionada.

Las reformas liberales tienen hoy una oportunidad histórica, pero si se quedan a mitad de camino —ajustando gasto sin construir instituciones ni prosperidad real— repetirán el error de los ochenta: el desencanto volverá a empujar a la sociedad hacia el socialismo que decía haber derrotado.