No es la novela de Ernesto Sábato, a quien Borges rebautizó con ironía “Ernesto Sótano, porque escribe sobre túneles y tumbas”. El túnel del que hablamos es una zona de sombra en la economía boliviana, que todavía seguiremos atravesando por varios meses, pero después de la cual se avizora una luz.
O al menos así lo ve el Banco Mundial (BM), que si bien coincide con otros organismos internacionales en cuanto a la recesión que se vive en el año en curso (-3,20%), adelanta un crecimiento del 4% para Bolivia en el 2027.
¿Pronóstico optimista? Si nos fijamos en las proyecciones hechas en las cinco gestiones anteriores por el BM para nuestro país, que el organismo reajusta a medida que avanza el año, la diferencia entre sus porcentajes y los resultados finales de la economía boliviana suelen ser inferiores a un 0,5%.
Existe, entonces, una expectativa razonable de un rebote importante de la economía, luego del periodo de ajuste que se vive desde diciembre pasado, con dos fuertes subidas en el precio de los combustibles. El BM parece asumir que, una vez absorbida la nueva estructura de costos, con todos los problemas y conflictos que esto conlleva, el aparato productivo y comercial tendrá un reinicio, de alguna manera similar al que se vivió en la inmediata post-pandemia.
La lectura de estos tiempos económicos puede estar influyendo en la planificación de los tiempos políticos de varios actores relevantes. Para el “magma azul”, ex masismo o “campo nacional-popular”, estaría incentivando una aceleración de los movimientos de desestabilización o de inducción de una crisis institucional, en especial hacia el trimestre octubre-diciembre, mientras el país toca el fondo del ajuste con su malestar asociado.
En esa lógica, lo crucial sería empujar la crisis política antes de que se produzca el rebote de la economía y las posibilidades destituyentes disminuyan. En la misma línea, se buscaría que al momento de iniciar el ascenso económico sea un operador más cercano al evismo quien esté al mando del Estado, tal vez encabezando un interinato hacia unos comicios adelantados.
Si todo esto le suena especulativo a alguien, el lector puede revisar o rememorar lo hecho por el masismo durante la crisis de la pandemia, cuando se empujó la realización de elecciones antes de que el país comenzara su rebote de recuperación después de la cuarentena rígida y dinámica.
Igualmente, hay que recordar que el alzamiento de octubre del 2003 se dio cuando ya todo el armazón estratégico de los hidrocarburos estaba listo para empezar a generar una gran renta, con amplias reservas gasíferas encontradas por los gobiernos “neoliberales”, que también habían asegurado los mercados de exportación.
El “golpe antes del rebote” o antes de salir del túnel es parte de un know-how, una táctica probada y que se pretende reiterar, a menos que se consolide una gobernabilidad democrática en la que tanto el gobierno como la oposición de centro-derecha tendrán que poner de su parte.