Cultura & Espectáculos

Crítica de “Gandhari”: Una venganza contada como una telenovela

La producción de Netflix, realizada en la India, parte de una problemática social concreta pero termina atrapada entre el melodrama, la acción y los excesos del cine popular.

"Gandhari", recién estrenada en Netflix.
Cultura & Espectáculos | Agencia | 2026-09-12 18:51:01

Bollywood, como meca del cine indio, ha hecho de la espectacularidad, las coreografías de baile y las peleas una marca registrada. No es exactamente el caso de Gandhari (2026) que, sin embargo, recurre a otros estereotipos del cine popular, especialmente a la exageración de los personajes, las situaciones y los conflictos.

Una madre de bajos recursos (Taapsee Pannu) pierde a su hija en un tren, secuestrada por una red de trata de niños. Durante el intento por rescatarla, sufre un golpe en la cabeza que le provoca una pérdida parcial de la visión. Ciega y desesperada por recuperar a la niña antes de que sea trasladada fuera del país, comienza a desarrollar nuevas habilidades para enfrentarse a la organización. El problema es que la red delictiva no solo está vinculada con la trata, sino también con un ritual de corte satánico que la madre y guerrera deberá desactivar.

Así como alguna vez Rutger Hauer se convirtió en un espadachín no vidente en Furia ciega (Blind Fury, 1989), la protagonista intenta convertirse en una máquina de venganza capaz de enfrentarse prácticamente sola a una organización criminal. El punto de partida prometía otra cosa: una aproximación a una problemática social recurrente en los sectores más vulnerables de la India, incluso con algunos elementos didácticos sobre el funcionamiento de estas redes. Pero Gandhari abandona progresivamente ese registro para entregarse al relato de acción, el melodrama y la fantasía. Allí donde podía haber realismo social, aparece un personaje casi mítico basado libremente en Gandhari, una de las figuras destacadas del poema épico hindú Mahabharata, asociada a la fuerza moral y la virtud dentro de la epopeya.

El resultado es una película que parece no confiar demasiado en ninguna de sus ideas y necesita llevarlas todas al extremo. El drama social, la venganza, el policial, el mito ancestral, el melodrama y el satanismo conviven sin demasiada preocupación por la sutileza. Tal vez el problema de esta cruza de tonos y registros no sea solamente de la película sino también nuestro, acostumbrados a mirar el cine desde una lógica de representación predominantemente europea o estadounidense. El cine indio juega con otras reglas y allí donde nosotros podemos ver exageración o parodia, existe una forma de apropiación de los relatos populares: desde el cine de acción yanqui hasta la novela televisiva. La mezcla de géneros es parte de su identidad, aunque en Gandhari esa acumulación termina por diluir aquello que parecía más interesante.