
El arzobispo de Santa Cruz, monseñor René
Leigue, exhortó este domingo a los bolivianos a practicar el perdón como una
vía para recuperar la unidad, la paz y la tranquilidad, pero acompañado de un
arrepentimiento sincero que permita evitar la repetición de los mismos errores
o pecados.
Durante su homilía dominical, Leigue señaló
que la historia y la cultura llevan a las personas y a las sociedades a asumir
como ciertas situaciones del pasado que, en muchos casos, no les correspondió
vivir directamente, pero que terminan influyendo en el presente.
“Algunos todavía recuerdan casos de cien,
doscientos, hasta quinientos años atrás. Van recordando eso y va metiendo
cizaña y lo vuelve como si fuera actual. Esa cosa es lo que el Señor nos habla
aquí. Hay que perdonar. Porque si no hay perdón, no hay paz. Si no hay perdón,
no hay unidad. Si no hay perdón, no hay tranquilidad”, afirmó.
El arzobispo también reflexionó sobre los
errores que las personas cometen a diario y que, en ocasiones, son minimizados
bajo el argumento de que se trata de faltas pequeñas. Mencionó, por ejemplo,
las llamadas “mentiras piadosas”, que pueden repetirse hasta convertirse en una
práctica habitual.
Explicó que una mentira puede parecer
insignificante al principio, pero que una tras otra termina acumulándose y
afectando la vida de las personas. Por ello, remarcó la importancia de
reconocer los errores y asumir la condición humana, lejos de pretender una
supuesta perfección.
Leigue recordó que el mensaje cristiano
plantea la necesidad de reconocer las equivocaciones y los pecados. Señaló que
nadie debería considerarse perfecto ni afirmar que nunca ha cometido errores,
porque negarse a reconocer las propias faltas puede convertirse en un problema
mayor.
También cuestionó la actitud de quienes, según
dijo, buscan generar conflictos entre otras personas mediante comentarios o
provocaciones y luego disfrutan observando las disputas que provocaron, incluso
llegando posteriormente a negar lo que dijeron.
Frente a ello, identificó a la soberbia y al
orgullo como obstáculos para reconocer los errores y pedir disculpas. Advirtió
que una persona puede causar daño mientras se niega a reconocer sus propias
faltas.
“Quizás es la que peor error tiene, pero no lo
reconoce y sigue dañando a las personas”, sostuvo.
Finalmente, Leigue destacó que el perdón debe
estar acompañado por un arrepentimiento verdadero y por la decisión de no
repetir la conducta que provocó el daño. Consideró que este proceso puede
contribuir a sanar relaciones y preservar la unidad tanto en las familias como
en la sociedad.
El arzobispo insistió en que pedir perdón y perdonar de manera sincera no solo beneficia a quien recibe la disculpa, sino también a quien reconoce su error, porque contribuye a recuperar la tranquilidad y fortalecer la convivencia.