Aparentemente a Rodrigo Paz le va muy bien en Nueva York y las expectativas son muy grandes. Sin embargo, la “Gran Manzana” no es, en este momento, el mejor escenario para hacerse de grandes ilusiones. Ni siquiera cuando el presidente no deja de repetir que traerá platita al país y se reúne con diplomáticos y políticos que hablan bonito de Bolivia. La Asamblea de la ONU es terreno por excelencia de la diplomacia, el disimulo y la demagogia. Allí sobran las buenas intenciones y las declaraciones alentadoras, pero las inversiones se deciden en otro lugar. Veremos si las cosas cambian cuando Rodrigo Paz se reúna con empresarios e inversores. Ellos son los únicos que pueden decirle la verdad, porque hablan con dinero en la mano, y además con dinero propio. No son recursos del Gobierno ni de organismos internacionales que administran fondos públicos. Son capitales privados que buscan seguridad jurídica, reglas claras y rentabilidad. Esos inversionistas podrán decirle cuándo Bolivia estará realmente preparada para recibir inversiones. Antes de eso, la diplomacia y la política seguirán siendo, sobre todo, buenas intenciones.