En este momento, el país se encuentra con un vacío de poder. Nadie está gobernando de manera oficial y solemne. El presidente Rodrigo Paz, de viaje en Estados Unidos, y el vicepresidente Edman Lara, también de viaje en Paraguay. De acuerdo con la sucesión presidencial estipulada por la Constitución Política del Estado (CPE), en su artículo 169.I, debe asumir el mandato del país el presidente de la Cámara de Senadores, Diego Ávila, quien hasta ahora no asumió de manera formal la primera magistratura.
La pregunta del millón: ¿entonces quién está gobernando en este momento la patria? La respuesta es sencilla: hay un vacío de poder. Nos quedamos sin un gobernante visible, reflejando de ese modo ante el mundo entero una inseguridad jurídica mayúscula. Esto da a entender a los inversionistas extranjeros que, en esas condiciones, no se puede invertir en un país inseguro.
La asunción al cargo de presidente del país no se puede realizar de manera ipso facto (en el acto), como si fuera cualquier cargo común y corriente. Debe cumplir con sus protocolos correspondientes, como la transmisión y entrega del bastón de mando del presidente al vicepresidente y así sucesivamente. Con esto, estamos demostrando al exterior nuestra total informalidad, que llevamos en la sangre. Todo se toma a la chacota. Nada hacemos con la seriedad y disciplina respectivas. Por eso estamos como estamos.
Sin duda, el gran distanciamiento que existe entre el presidente Paz y el vicepresidente Lara hace que tengamos este vacío de poder y, seguramente, más adelante veremos esta misma situación cuando de nuevo el primer mandatario se ausente del territorio por unos días. A este paso, para no volver a repetir estos hechos vergonzosos, la primera autoridad del país debe dejar de viajar. Porque, si lo hace frecuentemente, estaremos cada vez repitiendo la figura político-jurídica de un vacío de poder.
En ese sentido, aunque parezca irónico, los gobiernos masistas de Evo Morales-Álvaro García Linera y Luis Arce-David Choquehuanca fueron mucho más protocolares y minuciosos. Mostraban al país la transmisión de mando y la entrega del bastón presidencial como un acto solemne, demostrando que estaban cumpliendo al pie de la letra con la CPE. En otras palabras, le daban jerarquía a la sucesión presidencial e informaban, a la vez, quién se estaba quedando al mando de la nación. Cosa que, con el actual Gobierno, daría la impresión de que todo se lo está manejando a las “patadas”.
Todo lo señalado nos hace notar que estamos ante una desinstitucionalización fatal. No hay una plena coordinación entre poderes, en este caso, entre el Órgano Ejecutivo y el Órgano Legislativo. Terrible daño el que le están causando a nuestra malograda democracia. A tal punto que el presidente en ejercicio, Edman Lara, antes de ausentarse del país, mediante una simple carta dirigida al presidente de la Cámara de Senadores, Diego Ávila, le hace conocer que es el presidente en ejercicio durante su ausencia. Toda una informalidad.
Es hora de que dentro del Órgano Ejecutivo corrijan el Decreto Supremo 5515, referido a la gobernanza digital del presidente. Porque un decreto supremo no puede estar por encima de la CPE. Nuestra ley de leyes, en este sentido, está claramente a favor de quien ejerce la Vicepresidencia del Estado, sea quien sea. Lo correcto es que el mencionado decreto, referido a la gobernanza digital del presidente Paz Pereira, sea elevado a rango de ley desde la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), para que así tenga todo el peso y reconocimiento legal dentro de nuestro ordenamiento jurídico constitucional vigente.