Hacía mucho que Santa Cruz no celebraba un aniversario cívico tan dulce como el de este año. Sin hostilidades del gobierno central, sin insultos, sin quemazones al lado de la Catedral para ofender la fe de los habitantes, sin ninguneos hacia nuestros líderes, con muchos invitados de todo el país y con la libertad de cantar a voz en cuello el himno cruceño, puesto que hasta eso el MAS nos prohibió. La última trampa la puso el envilecido ex vicepresidente David Choquehuanca con la whipala, pero eso ya es historia y conviene seguir adelante. En lugar de las tensiones políticas, la efemérides estuvo llena de halagos, lisonjas, loas a la cruceñidad, exaltaciones y toda clase de mensajes positivos. Pero como sabemos, hasta el mejor “manjar blanco” empalaga cuando se exagera y por eso conviene que los cruceños dejemos de echarnos flores, no nos creamos lo que nos dicen nuestros ocasionales amigos centralistas y pongámonos a trabajar en lo que nos toca. Seguir produciendo, seguir reclamando justicia, conseguir que esta ciudad sea ordenada y segura, porque “No hay tierra como mi tierra”, pero si está llena de pozos y con tanta cochinera, no hay quien aguante.