Dios te bendiga

Mariaca et al. “Hoy por mí, mañana por ti”

Mariaca et al. “Hoy por mí, mañana por ti”
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-10-02 00:08:00

“No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Dt 5,20; Ex 20,16).

¿Cómo valorar las denuncias y sanciones del Gobierno de los Estados Unidos contra Roger Mariaca y otros funcionarios bolivianos? Lo que más extraña son los nombres que no fueron incluidos, o quizás todavía no han sido revelados. Me refiero a los expresidentes masistas.

Aunque no se han publicado las evidencias para justificar las sanciones, y no tenemos por qué restar credibilidad a Sebastián Marset, el dinero que intentó sacar en una ambulancia lo condena.

Creo que en estas sanciones por parte del Gobierno de Trump hay un mensaje claro. Si Bolivia quiere el apoyo de los EE. UU. para reactivar la economía, nuestro Gobierno tiene que demostrar cierto apoyo y sumisión a Trump. Caso contrario, la relación será muy incómoda.

A mí me interesan las implicaciones para nuestra Justicia boliviana, tan descalificada. No olvido cómo el Gobierno de Arce Catacora se dedicó a descalificar y obstaculizar la reforma de la Justicia mediante una reforma constitucional. Ahora le conviene a él una Justicia más transparente.

Entre los muchos defectos de nuestra Justicia, con tanta fama de corrupción, está el hecho de proteger al calumniador en vez de transparentar los procesos. Lo sé bien, porque cuando nuestro Obispo Emérito y la misma Diócesis fueron acusados de “legitimación de ganancias ilícitas”, jamás se reveló el verdadero origen de la calumnia para justificar la investigación. Nosotros, por supuesto, sabemos, pero todo esto fue bullying desde la Justicia, que está diseñada en Bolivia para enriquecer a los funcionarios mediante las coimas.

Por esto, de la misma manera que a Trump y a su administración no les importa el sufrimiento que han ocasionado a millones con sus campos de concentración para deportados y su guerra inútil en Irán, en Bolivia es muy difícil sentir lástima por policías, fiscales y ministros de la Justicia cuando son acusados, estén culpables o no. Sin embargo, todos somos culpables por haber tolerado esta realidad y no nos conviene el cinismo. Lo que decimos en las campañas de solidaridad vale para la reforma de la Justicia y de la Nación: “Hoy por mí, mañana por ti”.

Los Diez Mandamientos, síntesis de la Justicia que Dios exige a su pueblo, después de prohibir el asesinato, el adulterio y el robo, añaden: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”. El castigo por este crimen es: “Le harán a él lo mismo que él había proyectado hacer contra su hermano. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes” (Dt 19,19).

Si la Fiscalía, en base a una denuncia falsa, realiza una investigación “de oficio”, como fue el caso contra la Diócesis y el Obispo Emérito, ¿acaso el costo económico de esta investigación no debería recaer sobre quien hizo la calumnia? ¿No debe el calumniador también responder por los gastos para defender a su víctima? Debe responder por estos daños, como también por el daño a la buena fama de los perjudicados.

Para esto, la Justicia tendría que ser totalmente transparente. Pero en Bolivia protegen al calumniador y declaran la reserva de los casos para favorecer el pago de coimas desde ambas partes.

Jesucristo fue enjuiciado y condenado a muerte en la cruz en base a calumnias, aunque Poncio Pilato estableció su inocencia. Así, Pilato es quien jamás limpiará su nombre. Todos somos implicados en este crimen y pecado, porque no evitamos la corrupción de la Justicia que Dios nos pide para ser dignos del don de la vida.

Ojalá que, frente a las acusaciones y sanciones de los EE. UU. contra funcionarios bolivianos, se establezca la verdad y que la verdad, sea cual sea, nos ayude a encaminar una Justicia limpia.

Mientras tanto, el libro de los Proverbios nos ofrece algunos buenos consejos:

“Adquirir sabiduría vale más que el oro fino, adquirir inteligencia es preferible a la plata. La senda de los hombres rectos es apartarse del mal, el que vigila su camino preserva su vida. Antes de la catástrofe está el orgullo, y antes de la caída, el espíritu altanero. Más vale ser humilde entre los pobres que repartir el botín con los orgullosos” (16,16-19).

Querido lector, que Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista