Bajo el penoco

Decepcionante democracia

| 2026-10-07 00:17:54

El gran drama de nuestras estériles democracias no es solo la clase política, sino la ilusión ciudadana. Creemos que la democracia se agota en las urnas: elegimos al candidato más carismático, al charlatán que promete milagros y al espadachín de campaña que hace diagnósticos perfectos. Nos enamoramos, lo endiosamos y nos sentamos a esperar soluciones mágicas. Luego, llega la inevitable decepción. Olvidamos que las autoridades son empleados que deben rendir cuentas. Por falta de educación democrática, votamos buscando privilegios en lugar del bien colectivo, sin entender que la democracia exige vigilancia continua. La naturaleza humana, sin control ni fiscalización ciudadana, se inclina por el mínimo esfuerzo, la corrupción y la búsqueda de atajos personales. Al no ejercer como ciudadanos celosos que exigen y molestan constantemente para que se cumpla la ley, alimentamos un círculo vicioso nefasto. El deterioro democrático no surge por casualidad; empieza cuando delegamos nuestra responsabilidad en caudillos, arruinando nosotros mismos el único sistema capaz de darnos verdadera prosperidad.