Sería un torpe error y una ceguera lamentable no hablar sobre el evismo y sus nefastas consecuencias para todo el país. Este grupo político, fuertemente concentrado en el Chapare y con algunos militantes en diversos departamentos y provincias de Bolivia, pretende eludir la realidad y realiza una pésima lectura de la coyuntura actual. Quieren lanzarse de inmediato a la contienda electoral, pretendiendo incendiar el barco que se está hundiendo con militantes y caudillos adentro. No se dan cuenta de la gravedad del momento y desconocen los grandes peligros que amenazan incluso su propia seguridad. A raíz del evidente fracaso de su proyecto, continúan prestándose al juego de políticos tradicionales que han perfeccionado la maestría de mentir y traicionar al pueblo boliviano.
Piensan en todo menos en la urgencia de reconstruir la nación. Su prioridad es restaurar la imagen malograda de un caudillo descalificado por la historia. Pretenden retornar al poder porque se acostumbraron a vivir del Estado. En los últimos veinte años demostraron una administración deshonesta; ensuciaron las instituciones públicas con la mala intención de enriquecerse a costa del esfuerzo ciudadano y los recursos naturales. Jamás mostraron desprendimiento alguno; por el contrario, buscaron atornillarse en el poder bloqueando el paso a nuevas generaciones de profesionales que debieron emigrar al ver que los cargos eran ocupados por la mediocridad servil a un partido político.
El evismo siempre gobernó únicamente con los suyos y para los suyos. Durante sus catorce años de mandato, solo satisfizo las apetencias de un estrecho círculo de amigos, familiares y oportunistas. Cuando tomaron el gobierno, la masa no sabía qué hacer con el poder; fue allí donde emergió Álvaro García Linera para dar un rumbo conveniente a ese proceso. Se convocó a figuras desgastadas de viejas agrupaciones políticas para articular el entorno del primer mandatario de origen indígena del país.
No es necesario detallar cada falla cometida, pues el tiempo resultaría insuficiente; pero debemos enfocarnos en las consecuencias: dejaron un país severamente corrompido, con problemas estructurales de fondo. El experimento plurinacional resultó más perjudicial que la etapa republicana previa. Se impuso el impulso desmedido sobre la razón y el desenfreno sobre la prudencia. La sociedad quiso experimentar ese proceso y hoy sufre los efectos de un árbol de la libertad que se seca por la acción de actores deshonestos.
La corrupción actual representa la herencia principal del evismo. Con más del ochenta por ciento de la administración pública ligada a este proyecto, resulta inviable edificar un nuevo país manteniendo a los mismos responsables del deterioro institucional. Exfuncionarios que carecían de patrimonio hoy lucen como grandes propietarios tras salir del poder con enormes fortunas. Varios utilizaron esos recursos para perpetuarse, observándose escandalosos casos de enriquecimiento ilícito, irregularidades en la justicia y contrataciones opacas con capitales extranjeros.
Podríamos continuar citando numerosos episodios de apropiación de fondos y perjuicio al Estado, pero la situación general no cambiará mientras no sustituyamos esta lógica prebendal por un compromiso transparente. En Bolivia prevalecen los intereses individuales, gremiales o partidarios, descuidando por completo el bienestar común y la defensa de la patria. Surgen candidatos recorriendo el territorio prometiendo soluciones, pero carecen de propuestas originales y recurren al personalismo sin la capacidad requerida para ofrecer un rumbo claro. Ese es el triste espectáculo que nuestra política exhibe hoy ante el mundo.